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Economia

Centros de datos de IA disputan tierras agrícolas en EE.UU.: entre legado familiar y oportunidad económica

Propietarios de granjas enfrentan decisiones polarizadas ante ofertas millonarias de desarrolladores tecnológicos

Expansión acelerada de infraestructura para inteligencia artificial está redefining el mercado de tierras en Estados Unidos, generando un fenómeno de bifurcación en las decisiones de propietarios rurales: algunos rechazan ofertas multimillonarias para preservar legados familiares, mientras otros ven en estas transacciones una salida a décadas de dificultades económicas agrícolas. En

Redaccion E30·19/7/2026
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Centros de datos de IA disputan tierras agrícolas en EE.UU.: entre legado familiar y oportunidad económica

Expansión acelerada de infraestructura para inteligencia artificial está redefining el mercado de tierras en Estados Unidos, generando un fenómeno de bifurcación en las decisiones de propietarios rurales: algunos rechazan ofertas multimillonarias para preservar legados familiares, mientras otros ven en estas transacciones una salida a décadas de dificultades económicas agrícolas.

En Kentucky, la familia Huddleston rechazó una oferta de $26 millones por su granja de 1,200 acres ubicada en las afueras de Maysville, destinada a convertirse en centro de datos de IA. Delsia Bare, hija de Ida Huddleston, manifestó que la decisión fue categórica: "Me quedaré aquí y alimentaré a una nación". La familia ha operado la tierra desde la Gran Depresión, período en el cual su contribución a la producción de alimentos fue crítica para la economía nacional. Ida Huddleston cuestionó las promesas de empleo y crecimiento económico asociadas al proyecto, argumentando que "sabemos cuándo nuestra comida está desapareciendo, nuestras tierras están desapareciendo, y no tenemos agua". Su posición refleja una preocupación más profunda sobre la sostenibilidad agrícola regional y el impacto ambiental de la industrialización tecnológica en zonas rurales.

En contraste, en Pennsylvania, David y Marilee Kiliti aceptaron una oferta superior a $20 millones por su granja de 89 acres. Tras años de lucha económica —David trabajaba en construcción mientras Marilee operaba montacargas antes de jubilarse— la transacción representó un cambio estructural en sus perspectivas financieras. Este caso ilustra cómo la viabilidad económica del sector agrícola tradicional ha erosionado significativamente en determinadas regiones, haciendo que la venta de tierras sea percibida no como abandono de vocación, sino como estrategia de supervivencia económica familiar.

Ambos casos evidencian una tensión fundamental en la geografía económica estadounidense: la concentración de inversión tecnológica en infraestructura de datos genera presiones de revalorización de tierras que desestabilizan modelos de propiedad rural multigeneracional. Mientras desarrolladores avanzan en propiedades vecinas a la granja Huddleston —donde propietarios sí han aceptado vender— emerge un patrón de fragmentación territorial que podría redefinir la composición demográfica y económica de regiones agrícolas tradicionales. Estos conflictos de uso de suelo presagian debates regulatorios más amplios sobre zonificación, derechos de agua, y preservación de capacidad productiva alimentaria en contextos de competencia por territorio entre sectores tecnológico y agrícola.

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