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Desigualdades ambientales persisten en Chile pese a mejoras en calidad del aire

Mientras algunas regiones logran índices buenos, las zonas industriales y de sacrificio enfrentan desafíos estructurales en contaminación atmosférica

Chile ha experimentado avances significativos en calidad del aire durante las últimas dos décadas, pero las brechas ambientales entre regiones siguen siendo un desafío crítico, especialmente en zonas industriales y áreas del sur del país. A pesar de la reducción de contaminantes como el material particulado fino (PM2.5), persisten episodios

Redaccion E30·25/7/2026
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Desigualdades ambientales persisten en Chile pese a mejoras en calidad del aire

Chile ha experimentado avances significativos en calidad del aire durante las últimas dos décadas, pero las brechas ambientales entre regiones siguen siendo un desafío crítico, especialmente en zonas industriales y áreas del sur del país. A pesar de la reducción de contaminantes como el material particulado fino (PM2.5), persisten episodios agudos de contaminación que revelan la necesidad de un enfoque más robusto en la política ambiental nacional. En el sur de Chile, el uso intensivo de leña húmeda se identifica como la principal fuente de contaminación atmosférica, complicada por factores culturales y la falta de regulación efectiva. La estabilidad atmosférica vinculada al océano Pacífico limita la dispersión natural de contaminantes, mientras que en el norte y centro persisten las denominadas 'zonas de sacrificio'. Aunque los niveles generales de dióxido de azufre (SO₂) han disminuido, localidades como Coronel y Talcahuano continúan registrando episodios críticos de contaminación que evidencian la brecha entre la política ambiental nacional y su implementación territorial. Esta disparidad refleja un patrón más amplio en América Latina, donde la transición hacia estándares ambientales más estrictos enfrenta obstáculos de implementación desigual. Según análisis recientes, la efectividad de las medidas de control depende no solo de regulaciones más robustas, sino de estrategias que consideren contextos geográficos, económicos y culturales específicos. Instituciones como el Ministerio Secretaría General de la Presidencia han establecido categorías de calidad del aire —desde buena hasta emergencia— que permiten monitoreo sistemático, pero la traducción de estos estándares en mejoras reales requiere coordinación entre niveles de gobierno y participación de comunidades locales en la definición de soluciones sostenibles.

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