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Economia

Tributación regresiva en alimentos: cómo el aumento del IVA profundiza la desigualdad en Centroamérica

Estudios demuestran que gravar la canasta básica con tasas estándar genera pérdida de capacidad de compra equivalente a un mes anual en hogares de menores ingresos

Propuestas de homologación tributaria en productos de consumo esencial revelan un dilema fiscal recurrente en economías emergentes: la tensión entre recaudación y equidad distributiva. Un análisis reciente sobre el impacto de aumentar la tasa de Impuesto al Valor Agregado en alimentos básicos documenta cómo estas medidas generan efectos regresivos que

Redaccion E30·29/7/2026
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Tributación regresiva en alimentos: cómo el aumento del IVA profundiza la desigualdad en Centroamérica

Propuestas de homologación tributaria en productos de consumo esencial revelan un dilema fiscal recurrente en economías emergentes: la tensión entre recaudación y equidad distributiva. Un análisis reciente sobre el impacto de aumentar la tasa de Impuesto al Valor Agregado en alimentos básicos documenta cómo estas medidas generan efectos regresivos que concentran la carga fiscal en los segmentos más vulnerables de la población.

Según el estudio, elevar la tarifa del 1% al 13% en productos como arroz, frijoles, huevos, leche, pan y carne produciría un incremento inmediato del 11.9% en precios finales. Para el quintil de menores ingresos, que percibe en promedio ¢321,351 mensuales (USD 706), esta carga representaría el 6.7% de sus ingresos totales, equivalente a una pérdida de capacidad de compra de alimentos de aproximadamente un mes completo cada año. En contraste, el quintil de mayores ingresos enfrentaría un impacto de apenas 0.6% a 1% de sus ingresos. Esta disparidad refleja una característica estructural de las economías de ingreso medio: las familias pobres destinan entre 40% y 60% de su presupuesto a alimentos, mientras que en hogares de altos ingresos esta proporción desciende a 10-15%.

Desde la perspectiva fiscal, la medida presenta atractivo recaudatorio: la recaudación anual pasaría de ¢42,065 millones a ¢546,841 millones, aproximadamente el 1% del PIB. Sin embargo, el análisis advierte sobre efectos secundarios que erosionan este beneficio a mediano plazo. El segundo quintil de ingresos, que incluye a familias vulnerables no clasificadas como pobres, enfrentaría un riesgo significativo de caída bajo la línea de pobreza. Esto genera presión sobre sistemas de protección social y reduce el consumo agregado, con implicaciones para la actividad económica general. Estudios comparativos en otras economías de la región han documentado que aumentos tributarios regresivos en alimentos generan inflación de precios sin que la recaudación alcance proyecciones iniciales, debido a cambios en patrones de consumo y evasión.

Alternativas en discusión incluyen mecanismos de "IVA personalizado" o diferenciado por nivel de ingreso, aunque estos enfrentan desafíos de implementación administrativa y riesgo de distorsiones de mercado. Otras jurisdicciones han optado por mantener tasas reducidas en canasta básica mientras amplían la base tributaria en otros sectores o mejoran eficiencia recaudatoria. El debate refleja una pregunta más amplia sobre sostenibilidad fiscal en contextos de desigualdad: cómo financiar servicios públicos sin profundizar brechas distributivas que, a su vez, generan costos sociales y económicos mayores.

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