Cierres de plantas automotrices en México anticipan una reconfiguración industrial
Dos cierres simultáneos de instalaciones automotrices en México están generando señales de alerta sobre la sostenibilidad del modelo manufacturero que ha posicionado al país como uno de los principales exportadores de vehículos del mundo. La planta CIVAC, en Morelos —primera instalación de manufactura fuera de Japón de un fabricante japonés de gran escala, con más de seis décadas de operación— ha concluido sus actividades tras un proceso gradual de desinversión que comenzó cuando los modelos que ahí se producían, como el sedán Tsuru y la NP300 Frontier, dejaron de ser prioritarios en la estrategia global del fabricante. En paralelo, la alianza de manufactura compartida entre un fabricante japonés y uno alemán en Aguascalientes —conocida como COMPAS— anunció el cese de operaciones para 2026, citando cambios en la dinámica del sector y en las preferencias del consumidor.
Esta contracción productiva no es un fenómeno aislado. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y reportes del sector compilados por la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), México enfrenta presiones crecientes derivadas de la transición hacia vehículos eléctricos, la reconfiguración de cadenas de suministro post-pandemia y el impacto de aranceles y políticas comerciales en América del Norte. El Foro Económico Mundial ha señalado que los países con alta dependencia en manufactura automotriz de combustión interna deberán acelerar sus estrategias de reconversión industrial antes de 2030 para evitar pérdidas estructurales de empleo y capacidad exportadora.
Frente al vacío productivo en Morelos, el gobierno estatal anunció una inversión de aproximadamente 50 millones de dólares para instalar una planta farmacéutica vinculada a Hetero Labs, grupo indio con subsidiarias especializadas en medicamentos genéricos. Esta apuesta por la diversificación sectorial ilustra una tendencia más amplia: regiones que históricamente dependieron del clúster automotriz buscan atraer industrias de mayor resiliencia ante los ciclos tecnológicos. Para los estrategas corporativos e inversores, el caso mexicano plantea una pregunta central: ¿puede el país reconvertir su infraestructura manufacturera con la velocidad suficiente para capturar las oportunidades del nearshoring en sectores como electromovilidad, dispositivos médicos y semiconductores, antes de que esa ventana se cierre?


