Nearshoring en manufactura ligera: cómo México gana terreno en cadenas de suministro globales

Cuatro años bastaron para reconfigurar una industria que China dominó por más de dos décadas. México ha pasado de representar el 2.3% de las importaciones estadounidenses de juguetes en 2022 a capturar el 8.5% entre enero y julio de 2026, consolidándose como el tercer mayor proveedor de ese mercado. En términos absolutos, Estados Unidos importó 884 millones de dólares en juguetes de origen mexicano durante ese periodo, un incremento del 13.2% frente al año anterior. La señal es clara: la diversificación de cadenas de suministro ya no es una estrategia de contingencia, sino una realidad operativa en marcha.

El contraste con China ilustra la magnitud del cambio. Las importaciones estadounidenses de juguetes provenientes de ese país cayeron 20.9% en términos anuales, situándose en 5,596 millones de dólares. Aunque China conserva el 53.7% del mercado, su participación ha descendido desde cerca del 80% hace apenas dos años. Vietnam, segundo proveedor global con 2,214 millones de dólares exportados, también registró una ligera contracción del 1.4%. Este reacomodo responde directamente a la presión arancelaria que Estados Unidos ha mantenido sobre productos de manufactura china, lo que ha acelerado decisiones de relocalización que muchas empresas ya contemplaban desde la pandemia.

México no está capturando este flujo de manera pasiva. Inversiones de largo plazo en infraestructura industrial —como la expansión de plantas en el corredor manufacturero de Nuevo León— evidencian que fabricantes internacionales están apostando por el país como nodo estratégico para abastecer al mercado norteamericano. Según datos del sector, algunas operaciones en la región ya superan el 90% de integración con proveedores locales, con planes de ampliar esa base en un 30% adicional. Para los estrategas corporativos y tomadores de decisiones en la región, el momento exige evaluar no solo la oportunidad logística, sino la capacidad de desarrollar ecosistemas de proveeduría que sostengan este crecimiento más allá del arbitraje arancelario coyuntural. La ventana competitiva existe, pero su duración dependerá de la velocidad con que México consolide capacidades productivas propias.