NEO
Tendencias
·Economia mexicana crece 2.3% en Q1 2026·Nearshoring impulsa inversion extranjera directa·Reforma corporativa avanza en el Senado·Sustentabilidad empresarial gana terreno en Mexico·Liderazgo femenino en consejos de administracion aumenta·ODS 2030: avances y retos para las empresas mexicanas·Economia mexicana crece 2.3% en Q1 2026·Nearshoring impulsa inversion extranjera directa·Reforma corporativa avanza en el Senado·Sustentabilidad empresarial gana terreno en Mexico·Liderazgo femenino en consejos de administracion aumenta·ODS 2030: avances y retos para las empresas mexicanas
Tendencias

La ciencia (y psicología) detrás de la ola, el fenómeno que el público mexicano universalizó hace 40 años

Redaccion E30·6/6/2026
Compartir:LinkedInXWhatsAppFacebook
La ciencia (y psicología) detrás de la ola, el fenómeno que el público mexicano universalizó hace 40 años

La ciencia (y psicología) detrás de la ola, el fenómeno que el público mexicano universalizó hace 40 años

Estás en tu asiento en el estadio, miras a tu derecha y la ves acercándose, con un crescendo: se viene la ola.

Cuando te alcanza, te paras y levantas las manos, haciendo el ruido que te parezca apropiado. Te vuelves a sentar y ella continúa.

Es una tradición que se repite en estadios de diferentes deportes en todo el mundo.

La más grande hasta ahora, según el Récord Guinness, fue la de NASCAR en Bristol (EE.UU.) en 2008 con 157.574 personas, mientras que la ola continua más larga duró 17 minutos y ocurrió en 2015 en un estadio de Japón durante un concierto.

Este sábado, como parte de la cuenta regresiva rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2026, Ciudad de México se propuso romper el récord oficial de la ola humana más grande.

El lugar escogido para lograrlo es un escenario urbano ideal para propagar una ola visible y continua: la emblemática avenida Paseo de la Reforma, ese gran corredor histórico, financiero y cultural inspirado en los bulevares europeos.

La ciudad misma es idónea. Fue ahí, concretamente en el Estadio Azteca, donde la célebre expresión de entusiasmo colectivo salió a conquistar las graderías del mundo hace 40 años.

Desde entonces, muchos la asocian con México, tanto que en varios países se le conoce como "la ola mexicana" a pesar de que se sabe que no nació ahí.

De México al mundo

Aunque existen varias versiones, el crédito de creador de esta coreografía de aficionados se le suele otorgar al estadounidense George Henderson, conocido como Krazy George.

La primera ola reconocida ocurrió el 15 de octubre de 1981 en un partido de béisbol entre los Oakland Athletics y los New York Yankees, en California.

"Los Oakland A's ya habían perdido dos partidos fuera de casa. En la tercera entrada pensé en intentar algo que nadie había visto antes. Encontré tres secciones y comencé a explicar lo que quería", le ha contado Henderson a la prensa a lo largo de los años.

Los primeros dos intentos fracasaron, pero al tercero, la ola dio la vuelta a todo el estadio. Y al cuarto, logró crear una ola continua.

"El lugar era una locura", comentó el animador de espectadores.

Como el partido había sido televisado, la divertida manera de animar al equipo se popularizó y fanáticos de otros deportes la adoptaron. Incluso hizo su aparición en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984.

Pero fue en el Mundial de 1986 en México, el primer torneo de gran magnitud transmitido en vivo a una enorme audiencia televisiva mundial, que la ola se convirtió en un fenómeno global.

Fue la primera vez que los aficionados de otras regiones presenciaron aquello que los mexicanos ya habían adoptado y bautizado como "la ola".

Quince años después, esas mareas humanas despertaron la curiosidad de un equipo de científicos en la Academia Húngara de Ciencias en Budapest.

Proyecto peculiar

Saltar Podcast y continuar leyendo Improbable El nuevo podcast de BBC Mundo sobre un amor que triunfó contra todo pronóstico Episodios Fin de Podcast

Tras ver al público en los eventos deportivos hacer las olas, tres físicos se embarcaron en lo que podría haber parecido un proyecto veraniego un tanto peculiar: intentar explicar por qué miles de personas pueden coordinarse espontáneamente para crearlas.

De hecho, terminó siendo el estudio más profundo sobre el tema.

Uno de los investigadores fue Tamás Vicsek, uno de los pioneros de la física de sistemas complejos y del comportamiento colectivo.

"Hubo un período en mi investigación en el que me interesó modelar el comportamiento colectivo de las personas en situaciones relativamente simples", le comenta a BBC Mundo.

"Había publicado algunos trabajos relacionados y me fascinaba cada vez más la idea de la simulación por computadora de multitudes", entre ellos uno sobre el fenómeno de los aplausos cuando se transforman en oleadas de aplausos sincronizados, "una fascinante muestra de autoorganización social".

"El Mundial de Fútbol de 2002 estaba a punto de celebrarse, así que construir y estudiar un modelo de la ola mexicana parecía una opción natural", explica Vicsek.

Con sus colegas, Illes Farkas y Dirk Helbing, decidieron entonces determinar las reglas que producen la ola.

Como físicos, sabían que las partículas que obedecen unas pocas reglas sencillas pueden crear un fenómeno aparentemente complejo.

Para su investigación, publicada en la revista Nature en 2002, el equipo analizó grabaciones en video de olas en estadios de fútbol con más de 50.000 espectadores.

Sus hallazgos fueron sorprendentemente precisos.

Descubrieron que la ola humana típica avanza a una velocidad de unos 12 metros -o 20 asientos- por segundo.

Además, mientras se propaga entre la multitud, la ola suele tener entre 6 y 12 metros de ancho -equivalente a unos 15 asientos- con un perfil notablemente estable.

Pero quizás el hallazgo más llamativo es el de la masa crítica. En estadios grandes, bastan entre 25 y 35 personas poniéndose de pie al mismo tiempo para desencadenar una ola.

Es decir que un puñado de entusiastas decididos puede arrastrar a decenas de miles.

El modelo matemático que construyeron para explicar este comportamiento no era nuevo.

"Utilizamos una versión modificada de un modelo más antiguo, desarrollado originalmente a finales de los años 40 para simular las ondas de excitación que se propagan en el corazón", dice Vicsek.

La diferencia es que, en lugar de células cardíacas, el "material excitable" eran personas.

"Lo que más me sorprendió fue que, usando valores muy realistas para los pocos parámetros libres del modelo -como el tiempo de reacción de las personas o el espacio que ocupa cada una-, obtuvimos un modelo de ola humana con un tamaño y una velocidad muy parecidos a los observados en los estadios".

Quedó, sin embargo, una pregunta interesante sin respuesta, relacionada con la dirección de la ola, le cuenta el físico a BBC Mundo todos estos años después.

"Especulamos que la ola iba en el sentido de las agujas del reloj porque la gente reaccionaba más a cualquier cosa que ocurriera a su derecha, debido a que la mayoría son diestros y a las normas de tráfico. Pero surgieron contraejemplos", señala Vicsek.

No obstante, hubo otra cosa que los físicos descubrieron, algo que cualquier aficionado podría haber intuido: la ola tiene más probabilidades de ocurrir cuando no está pasando gran cosa en el estadio. Lo cual nos lleva a una paradoja curiosa.

¿Símbolo de pasión o señal de aburrimiento?

La ola es considerada universalmente un símbolo de euforia colectiva, un gesto de comunidad y alegría compartida.

Como explica Erik Salazar Flores, académico de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), "al hacer la ola expresamos que no somos uno solo".

En ese sentido, es una afirmación física y visible del nosotros.

Y sin embargo, hay una contradicción en su interior.

Aunque puede ser una señal de ánimo, la ola también puede representar una pérdida de interés por parte de los asistentes o hasta un reclamo de acción hacia los jugadores.

Incluso, como le dijo a la BBC hace algunos años Chris Hunt, autor del libro World Cup Stories, puede servir para sacarle partido al partido (valga la redundancia).

"Cuando un partido decae y no pasa nada interesante en el terreno de juego, los aficionados sienten que es una forma de aprovechar al máximo el dinero que pagaron por sus entradas", explicó.

Si el partido va 1-1 y son los últimos minutos de la final del Mundial, entonces no habrá ola. Si es un amistoso donde el local va ganando 5-0, entonces sí.

La ola nace con mayor frecuencia cuando el partido se pone aburrido.

No siempre, claro.

También estalla en momentos de euforia previa al partido, durante calentamientos o cuando el marcador ya está decidido y la fiesta puede desvincularse del juego.

Pero hay algo revelador en que el "fenómeno espontáneo" más famoso de los estadios del mundo tienda a ocurrir, precisamente, cuando la acción en el campo no logra capturar la atención de las gradas.

La psicología de masas tiene una explicación: cuando la atención colectiva queda sin objeto claro (el juego no atrapa), el grupo busca activamente crear su propio estímulo.

En esos casos, la ola no es la expresión del entusiasmo, sino su propiciadora.

¿Sigue en la cresta?

Cuarenta años después de su consagración en México, la ola sigue recorriendo estadios en los cinco continentes. Pero su reputación se ha vuelto más matizada.

Tras su inicial éxito en los años 80, fue perdiendo popularidad y ha aparecido de forma más esporádica en los eventos deportivos del siglo XXI.

En algunos deportes, especialmente en el béisbol estadounidense, se convirtió en objeto de debate encendido.

Por ejemplo, en 2014, en el estadio de los Washington Nationals, una campaña para acabar con la ola cobró fuerza, con camisetas con el lema #killthewave ("mata la ola") y cartas que la describían como "irrespetuosa", "insultante" y "distractora".

O cuando en 2019, el entrenador de los Green Bay Packers, Matt LaFleur, pidió públicamente a sus aficionados que se abstuvieran de hacerla cuando su equipo tenía el balón, y el quarterback Aaron Rodgers respaldó la petición, sugiriendo que los hinchas "eligieran mejor el momento".

La tensión, en el fondo, sería: ¿para qué estás en el estadio, para ver el partido o para ser parte del espectáculo? La ola lleva cuatro décadas respondiendo que para las dos cosas y, a veces, en el mismo segundo.

Lejos del debate, sigue teniendo algo que ningún detractor logra quitarle: la capacidad de crear un momento alegre y multitudinario sin manual de instrucciones.

Solo requiere estar ahí, mirar hacia los lados y dejarse llevar.

Haz clic aquí para leer más historias de Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.

Sigue leyendo