Manufactura de baterías LFP en EE. UU.: la apuesta que podría redefinir el vehículo eléctrico asequible

Producir localmente las celdas de batería que durante años dominó China representa uno de los movimientos industriales más significativos en la cadena de valor del vehículo eléctrico en Norteamérica. Ford ha comenzado el ensamblaje de celdas prismáticas de fosfato de hierro y litio (LFP) en su planta Bluoval Battery Park en Michigan, convirtiéndose en el primer fabricante automotriz en EE. UU. en enviar baterías LFP para uso en el mercado masivo. La tecnología fue licenciada de CATL, empresa china que junto con BYD concentró más del 55% de las ventas globales de baterías para vehículos eléctricos en 2025, según datos de SNE Research.
Esta decisión responde a una lógica estructural: las baterías LFP son más baratas de producir, más ligeras y permiten mayor densidad de espacio interior en comparación con las celdas de níquel-manganeso-cobalto (NMC) que predominan en el mercado estadounidense. De los 4.95 millones de toneladas de materiales de cátodo enviados globalmente en 2025, el 72% correspondió a LFP, señal inequívoca de hacia dónde se mueve la industria. Ford aplicará estas celdas en su plataforma Universal Electric Vehicle (UEV), cuyo primer modelo será una camioneta mediana programada para 2027, con un precio inicial cercano a los 30,000 dólares y ensamblaje en la planta de Louisville. La compañía proyecta que este vehículo ofrecerá más espacio para pasajeros que un Toyota RAV4 y un costo total de propiedad inferior al de un Tesla Model Y.
Para los estrategas corporativos e inversores que monitorean la transición energética, la señal más relevante no es el vehículo en sí, sino el modelo de manufactura que lo sustenta. Localizar la producción de baterías LFP en suelo estadounidense, bajo un entorno de aranceles de importación elevados y presión regulatoria sobre el abastecimiento, implica una reconfiguración de la cadena de suministro con implicaciones a largo plazo. Mientras Ford avanza en esta dirección, su competidor GM evalúa si incorporar o no LFP en sus próximos modelos eléctricos, según un reporte reciente de Reuters. La divergencia estratégica entre ambos gigantes automotrices anticipa un período de diferenciación competitiva basada no solo en diseño o software, sino en arquitectura de batería y soberanía industrial.
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