De un garaje a un imperio tecnológico: lecciones de emprendimiento sin inversores externos
John Tu y David Sun perdieron sus ahorros en el crack de 1987 y respondieron fundando una compañía que hoy factura 14,400 millones de dólares al año sin cotizar en bolsa

Dos amigos que se conocieron en una cancha de básquetbol en Los Ángeles construyeron una de las empresas privadas más valiosas de Estados Unidos, sin depender de capital de riesgo ni de fondos institucionales. La historia de John Tu y David Sun es un caso de estudio relevante para el ecosistema emprendedor latinoamericano, donde el acceso a financiamiento externo sigue siendo uno de los principales obstáculos para escalar negocios tecnológicos.
Todo comenzó en la década de 1980, cuando Tu —inmigrante chino— y Sun —originario de Taiwán— fundaron Camintonn, una empresa de componentes de memoria para computadoras personales. En 1986 la vendieron a AST Research por seis millones de dólares, pero el Lunes Negro de octubre de 1987 devastó gran parte de ese capital. Lejos de retirarse, ambos regresaron al mercado con una propuesta más ambiciosa: adquirir componentes de grandes fabricantes y transformarlos en productos accesibles —módulos de memoria, pendrives, tarjetas flash y discos SSD— bajo una marca propia. Así nació Kingston Technology, operando inicialmente desde un garaje en Fountain Valley, California. Para 1996, la compañía alcanzó una valuación de 1,800 millones de dólares y SoftBank adquirió el 80% por 1,500 millones. Lo que distingue esta transacción no es solo su escala, sino la decisión de los fundadores de distribuir 700 millones de dólares en bonos extraordinarios entre sus empleados, un modelo de gestión que anticipa lo que hoy se discute en foros de gobierno corporativo como política de retención de talento de largo plazo.
El capítulo más revelador ocurrió en 1999, cuando SoftBank intentó devolver su participación por 450 millones de dólares y no cumplió el plazo de pago. Tu y Sun perdonaron la deuda —un gesto que Masayoshi Son correspondió ofreciéndoles recuperar el control total de la compañía. Hoy, Kingston Technology ocupa el puesto 28 entre las mayores empresas privadas de Estados Unidos, con ventas anuales de 14,400 millones de dólares. Su trayectoria demuestra que construir un legado tecnológico de escala global es posible sin estructuras de capital complejas, siempre que exista claridad estratégica, cultura organizacional sólida y capacidad para reinventarse tras una crisis. Para directivos y emprendedores en México y América Latina, este modelo ofrece una referencia concreta sobre cómo la perseverancia y la gestión de relaciones —con socios, empleados e incluso competidores— puede ser tan determinante como el acceso al financiamiento.
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