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De un garaje a un imperio tecnológico: la historia detrás de una empresa de memorias valuada en miles de millones

Cómo dos emprendedores convirtieron una crisis financiera en el punto de partida de una de las empresas privadas más grandes de Estados Unidos

Redaccion E30·20/6/2026
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De un garaje a un imperio tecnológico: la historia detrás de una empresa de memorias valuada en miles de millones

Fundar una empresa exitosa tras perder los ahorros de toda una vida en una crisis bursátil no es la narrativa típica del emprendimiento tecnológico. Sin embargo, eso es exactamente lo que hicieron John Tu y David Sun, dos amigos que se conocieron en Los Ángeles durante un partido de básquetbol y que, a partir de un garaje en Fountain Valley, California, construyeron uno de los imperios más sólidos en la industria de componentes de memoria. Su historia, documentada por Entorno como parte de su cobertura sobre modelos de negocio extraordinarios, ofrece lecciones vigentes para cualquier estratega o emprendedor en América Latina.

Todo comenzó a mediados de los años ochenta, cuando Tu —inmigrante chino— y Sun —originario de Taiwán— fundaron Camintonn, una empresa de componentes de memoria para computadoras personales. El negocio prosperó y en 1986 fue adquirida por AST Research por seis millones de dólares. El Lunes Negro de octubre de 1987, una de las caídas bursátiles más severas del siglo XX, erosionó gran parte de esa ganancia. Lejos de retirarse, ambos socios reencuadraron la pérdida como una señal para reinventarse. Así nació Kingston Technology: compraban componentes a grandes fabricantes y los transformaban en productos accesibles —módulos de memoria, pendrives, tarjetas flash y discos SSD— con una propuesta de valor clara para el mercado masivo. Para 1996, la compañía ya estaba valuada en 1,800 millones de dólares, y SoftBank adquirió el 80% por 1,500 millones. Lo que distingue esta transacción no es solo la cifra: Tu y Sun distribuyeron 700 millones de dólares en bonos extraordinarios entre sus empleados, un movimiento que consolidó una cultura organizacional poco común en el sector tecnológico.

La relación con SoftBank tuvo un desenlace igualmente atípico. Cuando la firma japonesa intentó devolver su participación por 450 millones de dólares y no cumplió el plazo de pago, los fundadores perdonaron la deuda. Más adelante, cuando Masayoshi Son decidió desprenderse de su posición, ofreció a Tu y Sun la posibilidad de recuperar el control total de la compañía. Hoy, Kingston Technology ocupa el puesto 28 entre las mayores empresas privadas de Estados Unidos, con ventas anuales de 14,400 millones de dólares, sin haber dependido jamás de capital de riesgo externo para escalar. Para los estrategas e inversores que observan el ecosistema emprendedor de México y América Latina, este caso plantea una pregunta relevante: ¿cuántos modelos de negocio de alto impacto están siendo subestimados por no seguir el guion convencional del venture capital?

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