Integración comercial México-EU: por qué la cadena productiva binacional es irreversible
La profundidad de las cadenas productivas compartidas hace inviable una desconexión; el reto para México es convertir esa integración en desarrollo industrial propio

Carlos Slim Helú, uno de los empresarios más influyentes de América Latina, sostiene que la integración comercial entre México y Estados Unidos no solo se mantendrá, sino que seguirá siendo el eje estructural de la economía norteamericana. Su argumento central descansa en la profundidad de las cadenas productivas compartidas y la complementariedad económica que ambas naciones han construido durante décadas, especialmente tras la entrada en vigor del TLCAN en 1994 y su renegociación como T-MEC en 2020.
Más allá de la continuidad de este vínculo, Slim señaló la urgencia de que México implemente una estrategia activa de sustitución de importaciones para reducir el déficit comercial que el país mantiene con el resto del mundo —es decir, con socios distintos a Estados Unidos—. Esta postura conecta con un debate más amplio en política industrial: según datos del Banco Mundial y análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), México importa bienes intermedios de Asia que podrían producirse regionalmente, lo que representa una oportunidad de relocalización productiva alineada con las tendencias globales de nearshoring. McKinsey Global Institute estima que entre 2025 y 2030 se reubicarán cadenas de valor por valor de hasta 4.6 billones de dólares a nivel mundial, y México figura entre los principales destinos candidatos.
Desde una perspectiva estratégica, la interdependencia binacional no es solo un dato histórico: es una ventaja competitiva activa. Para los líderes empresariales mexicanos, el reto consiste en traducir esa posición geográfica y los marcos regulatorios del T-MEC en capacidad industrial real. Desarrollar proveeduría local, atraer inversión en manufactura avanzada y reducir la dependencia de insumos extrarregionales son las palancas que determinarán si México consolida su rol como hub productivo de América del Norte o si pierde terreno frente a otros mercados emergentes que compiten por el mismo capital industrial.
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