Mora récord e incertidumbre electoral frenan el crédito al sector privado en México
La liquidez inyectada por el Banco Central no llega a familias ni empresas: se queda en títulos del Tesoro mientras la cartera vencida escala a niveles de alerta
Desde julio de 2025, el crédito al sector privado en México registra un estancamiento persistente, con oscilaciones entre ligeros repuntes y retrocesos significativos. El fenómeno ocurre en un entorno donde la morosidad alcanza niveles de alerta, los ingresos familiares se contraen y la liquidez disponible no logra canalizarse hacia hogares…

Desde julio de 2025, el crédito al sector privado en México registra un estancamiento persistente, con oscilaciones entre ligeros repuntes y retrocesos significativos. El fenómeno ocurre en un entorno donde la morosidad alcanza niveles de alerta, los ingresos familiares se contraen y la liquidez disponible no logra canalizarse hacia hogares ni hacia sectores productivos. Lejos de atenuarse, la perspectiva de recuperación para deudores en dificultad se torna cada vez más incierta.
El diagnóstico de especialistas apunta a una falla estructural en la transmisión monetaria: los pesos inyectados por el Banco Central —producto de la compra de más de USD 11,000 millones en reservas durante un semestre— han engrosado los depósitos bancarios en moneda local, pero no han derivado en expansión crediticia. Marina Dal Poggetto, directora de Eco Go, documenta este cortocircuito: en lugar de fluir hacia préstamos productivos, esa liquidez se ha redirigido a la adquisición de títulos del Tesoro. El resultado es un financiamiento que beneficia al sector público, mientras la economía real opera sin el apalancamiento necesario para reactivar el consumo. Los depósitos en pesos alcanzaron los $16.2 billones, pero la mayor parte de esa masa monetaria terminó absorbida por instrumentos de deuda soberana.
Los datos de la consultora Qualy confirman la magnitud del ajuste. Al cierre de junio, el financiamiento bancario total a familias se ubicó en 43,106,125 millones de pesos, con una caída mensual de 1.9% y un retroceso interanual de 4.4%. Frente a agosto de 2025, el crédito al consumo acumula una contracción de 8.8%, con el segmento de tarjetas de crédito mostrando la desaceleración más pronunciada. Este deterioro no responde únicamente al encarecimiento del costo financiero ni a la cautela de las instituciones: refleja también una demanda deprimida por presupuestos familiares ajustados y una capacidad de repago erosionada. Para los estrategas corporativos e inversores que monitorean el ciclo crediticio mexicano, la señal es clara: mientras la política monetaria no encuentre mecanismos más eficaces de transmisión al sector privado, y mientras el entorno electoral mantenga elevada la aversión al riesgo de las entidades financieras, el apalancamiento privado difícilmente podrá convertirse en motor de recuperación económica en el corto plazo.


