Crecimiento del PIB y contracción del consumo: la paradoja macroeconómica que enfrentan las empresas
México registra expansión agregada mientras la inversión privada cae 11.6% y la mora crediticia se triplica, configurando un escenario de recuperación desigual con implicaciones directas para la estrategia corporativa

Señales contradictorias definen el panorama económico actual: el Producto Interno Bruto creció 2.3% interanual en el primer trimestre de 2026, pero ese dato agregado oculta una fractura profunda entre los sectores que se expanden y los que se contraen. Para los directivos que toman decisiones de inversión, expansión o gestión de cartera, entender esta heterogeneidad es más relevante que el titular macroeconómico.
El consumo masivo retrocedió 3.3% durante el primer cuatrimestre del año, con abril registrando la contracción más pronunciada: 3.8% interanual y 4.7% mensual. Los supermercados absorbieron el mayor impacto con una caída del 4.5% interanual, lo que señala presión directa sobre el gasto en bienes básicos. En paralelo, la formación bruta de capital fijo —indicador clave de la inversión productiva— se desplomó 11.6% en el mismo período. Esta combinación limita la generación de empleo de calidad y comprime el ingreso disponible de los hogares de ingresos medios y bajos, segmentos que sostienen buena parte del consumo interno. La mora en créditos a personas físicas alcanzó 11.5% en los primeros meses del año, triplicando el registro del ejercicio anterior; los préstamos personales y las tarjetas de crédito concentraron los mayores incumplimientos, lo que restringe el acceso al financiamiento tanto para el consumo como para la inversión familiar.
No obstante, el cuadro no es uniformemente negativo. El consumo privado agregado mostró mayor resiliencia gracias a bienes durables, importados y financiados con crédito, lo que indica que ciertos segmentos de la demanda mantienen dinamismo. Más relevante aún para las perspectivas de mediano plazo: la inflación desaceleró a 2.1% mensual en mayo, con un acumulado anual de 14.7%, y las expectativas del mercado apuntan a que se mantenga por debajo del 2% mensual en los próximos trimestres. Al mismo tiempo, los salarios nominales registraron incrementos mensuales de entre 3.4% y 3.7%, con variaciones interanuales superiores al 36%. Si la desinflación se consolida, los salarios reales comenzarán a recuperar terreno, lo que podría reactivar gradualmente el consumo de base. Para los estrategas corporativos, el escenario exige una lectura de doble velocidad: cautela en segmentos expuestos al crédito minorista y al consumo masivo de corto plazo, y atención a las señales de recuperación del poder adquisitivo que podrían materializarse en el segundo semestre.


