Cadena de frío más eficiente: cómo ajustar temperaturas de congelación reduce emisiones sin riesgo
Un cambio de 3 grados en estándares de almacenamiento congelado podría evitar 18 millones de toneladas de CO2 anuales
Modificar la temperatura estándar de distribución de alimentos congelados de -18 a -15 grados Celsius se posiciona como una oportunidad de descarbonización con viabilidad técnica comprobada. Esta propuesta, respaldada por investigaciones académicas recientes, desafía un estándar establecido hace aproximadamente un siglo sin evidencia científica que lo justifique en su totalidad.…

Modificar la temperatura estándar de distribución de alimentos congelados de -18 a -15 grados Celsius se posiciona como una oportunidad de descarbonización con viabilidad técnica comprobada. Esta propuesta, respaldada por investigaciones académicas recientes, desafía un estándar establecido hace aproximadamente un siglo sin evidencia científica que lo justifique en su totalidad.
La premisa técnica es sólida: la actividad microbiana se detiene por debajo de -12 grados Celsius, lo que significa que elevar 3 grados no compromete la seguridad alimentaria. Según análisis de la industria, esta modificación podría reducir el consumo energético entre 1.5% y 3.5% por cada incremento de 1 grado Celsius. Proyectado globalmente, el impacto ambiental es significativo: hasta 18 millones de toneladas de emisiones equivalentes de CO2 anuales podrían evitarse. Para contexto, esto equivale aproximadamente a las emisiones anuales de 4 millones de vehículos de pasajeros.
La implementación enfrenta barreras regulatorias y contractuales más que técnicas. Décadas de operación bajo el estándar de -18 grados Celsius se han cristalizado en normativas regionales, contratos de cadena de suministro y configuraciones de infraestructura. Para generar confianza institucional, se han iniciado proyectos piloto en mercados como el Reino Unido, donde se monitorearon envíos de alimentos preparados a -15 grados Celsius durante el transporte. Los resultados demostraron que las fluctuaciones de temperatura inherentes a la logística no comprometieron la seguridad ni la calidad del producto.
Un aspecto relevante para estrategas de operaciones: muchas empresas ya operan por debajo de -18 grados Celsius en sus prácticas reales, lo que sugiere que podrían capturar ahorros inmediatos en consumo energético sin modificar contratos existentes. El desafío no es técnico sino de coordinación sectorial. Requiere que actores clave de la cadena de valor—productores, transportistas, distribuidores y retailers—alineen sus estándares operacionales. Empresas que busquen reducir la huella de carbono de su cadena de suministro congelada deben comenzar por auditar las temperaturas actuales en sus operaciones y las de sus socios logísticos, identificando brechas entre regulaciones formales y prácticas reales que ya podrían estar generando eficiencias no capturadas.

