Volatilidad cambiaria en Uruguay: presiones sobre el peso en contexto de desaceleración económica
Proyecciones de crecimiento moderado y presión inflacionaria redefinirán la estrategia de política monetaria hacia 2026-2027
Mercados de cambio en Uruguay muestran signos de inestabilidad creciente, con volatilidad en pares de monedas extranjeras superando umbrales históricos de referencia. Durante julio, la volatilidad del tipo de cambio euro-peso uruguayo se situó en 15.56%, por encima del promedio de 14.98%, reflejando presiones en los mercados emergentes de la…

Mercados de cambio en Uruguay muestran signos de inestabilidad creciente, con volatilidad en pares de monedas extranjeras superando umbrales históricos de referencia. Durante julio, la volatilidad del tipo de cambio euro-peso uruguayo se situó en 15.56%, por encima del promedio de 14.98%, reflejando presiones en los mercados emergentes de la región ante cambios en las condiciones financieras globales.
Proyecciones macroeconómicas para el período 2026-2028 indican un escenario de crecimiento moderado y persistencia inflacionaria. El Banco Central estima que el Producto Bruto Interno crecerá 1.87% en 2026, 1.85% en 2027 y 1.92% en 2028, cifras que representan una revisión a la baja respecto a expectativas previas de 2.47%. Simultáneamente, las proyecciones de inflación convergen hacia el rango meta del banco central: 4.40% para 2026, 4.45% para 2027 y 4.50% para 2028. Este escenario de crecimiento contenido con inflación persistente plantea dilemas para la conducción de política monetaria, particularmente en contextos de volatilidad cambiaria.
Desde una perspectiva histórica, Uruguay ha enfrentado ciclos de presión cambiaria vinculados a crisis financieras regionales. Tras la maxidevaluación de 2002, el país adoptó un régimen de flotación independiente que ha permanecido vigente. Los analistas consultados proyectan que el tipo de cambio dólar-peso uruguayo alcanzará 40.19 pesos a finales de 2026 y 41.46 pesos a finales de 2027, sugiriendo una depreciación gradual del peso. Estos movimientos deben contextualizarse en el desempeño económico relativo de Uruguay dentro de América Latina: el país mantiene el ingreso per cápita más alto de la región y niveles de desigualdad comparativamente bajos, con aproximadamente 60% de su población clasificada como clase media. Sin embargo, los desafíos estructurales de competitividad, diversificación productiva e incorporación de mujeres en la fuerza laboral permanecen como factores críticos para sostener estabilidad macroeconómica a mediano plazo.


