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Finanzas

Volatilidad cambiaria en América Latina: presiones inflacionarias y reformas estructurales

Brasil y Bolivia enfrentan dinámicas divergentes en sus mercados de divisas mientras buscan estabilidad macroeconómica

Mercados cambiarios en Brasil y Bolivia muestran dinámicas contrastantes que reflejan presiones macroeconómicas más amplias en la región. En Brasil, el dólar estadounidense abre con cotizaciones alrededor de 5.11 reales, registrando una caída del 0.72% respecto al cierre anterior y una disminución acumulada del 1.72% en la última semana. La

Redaccion E30·9/7/2026
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Volatilidad cambiaria en América Latina: presiones inflacionarias y reformas estructurales

Mercados cambiarios en Brasil y Bolivia muestran dinámicas contrastantes que reflejan presiones macroeconómicas más amplias en la región. En Brasil, el dólar estadounidense abre con cotizaciones alrededor de 5.11 reales, registrando una caída del 0.72% respecto al cierre anterior y una disminución acumulada del 1.72% en la última semana. La volatilidad actual se sitúa en 7.63%, por debajo del promedio anual de 10.75%, sugiriendo una relativa estabilización en el mercado cambiario brasileño tras meses de presión.

Bolivia enfrenta un escenario de transformación estructural más profunda. El país implementa un proceso de unificación cambiaria que busca alinear el tipo de cambio oficial (Bs 6.96) con los valores de mercado, que operan alrededor de Bs 9.21 para compras y Bs 9.40 para ventas según las cotizaciones diarias del Banco Central de Bolivia. Este proceso responde a reformas anunciadas que incluyen financiamiento externo de $4,500 millones del Banco Interamericano de Desarrollo para 2026-2028, con el objetivo de reducir el déficit fiscal al 7% anual.

Sin embargo, las proyecciones de organismos internacionales revelan desafíos significativos. El Banco Mundial anticipa una contracción del PIB boliviano del 1.1% en 2026, mientras que la CEPAL proyecta un crecimiento marginal del 0.5%. El Fondo Monetario Internacional ha advertido sobre riesgos inflacionarios que podrían superar el 15% si no se controla la emisión monetaria, en un contexto donde el Gobierno proyecta inflación de hasta el 17%. Esta incertidumbre ha llevado al FMI a abstenerse de ofrecer estimaciones precisas a largo plazo, reflejando la complejidad de la transición económica que enfrenta el país tras la volatilidad registrada en 2025.

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