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Cuatro décadas de precarización: cómo el empleo informal redefinió la desigualdad en México

La promesa de la globalización no materializó empleos formales; en su lugar, consolidó un modelo de precariedad laboral que hoy estructura la inequidad socioeconómica

Creación de empleos dejó de ser una prioridad explícita en la política económica mexicana desde la crisis de la deuda de los años ochenta. A partir de entonces, los gobiernos reorientaron su discurso hacia la integración en mercados globales, argumentando que la apertura económica generaría crecimiento sostenido y recuperaría el

Redaccion E30·12/7/2026
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Creación de empleos dejó de ser una prioridad explícita en la política económica mexicana desde la crisis de la deuda de los años ochenta. A partir de entonces, los gobiernos reorientaron su discurso hacia la integración en mercados globales, argumentando que la apertura económica generaría crecimiento sostenido y recuperaría el empleo formal que caracterizó décadas anteriores.

Esta apuesta por la globalización, que prometía "normalizar" el sistema económico mexicano, no se materializó en los términos esperados. Sin el crecimiento proyectado, una población en expansión con demandas laborales crecientes migró hacia el sector informal. Lo que inicialmente fue considerado una distorsión temporal se consolidó como estructura económica permanente tras más de cuatro décadas. Según análisis de instituciones como el Banco Mundial y el INEGI, México mantiene una de las tasas más altas de informalidad laboral en América Latina, con aproximadamente 56% de la población económicamente activa en empleos sin protección social ni estabilidad contractual.

Precariedad laboral se define no solo por la ausencia de formalidad, sino por ingresos insuficientes, ausencia de prestaciones, jornadas extendidas y vulnerabilidad ante fluctuaciones económicas. Este modelo ha generado efectos multiplicadores en la desigualdad: trabajadores informales tienen acceso limitado a crédito, educación continua y sistemas de pensión, perpetuando ciclos intergeneracionales de pobreza. Estudios del Colegio de México documentan que la precarización laboral es uno de los factores estructurales más determinantes en la reproducción de la desigualdad de ingresos en el país.

La persistencia de esta condición representa un desafío sistémico que trasciende ciclos electorales y anuncios de política pública. Mientras los gobiernos celebran indicadores de creación de empleo, la calidad y estabilidad de esos empleos permanecen como variables secundarias en el debate público. Sin una reorientación explícita hacia la formalización y protección laboral, la precarización seguirá siendo el mecanismo fundamental mediante el cual se reproduce y amplifica la desigualdad socioeconómica en México.

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