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Dependencia de importaciones de carne bovina: riesgo para productores locales en Centroamérica

Concentración de origen y sobrecapacidad de compras externas amenazan la viabilidad del sector ganadero doméstico

Importaciones de carne bovina en El Salvador han crecido 85% en cinco años, pasando de 91.3 millones de dólares en 2020 a 168.8 millones en 2025, según datos oficiales. El volumen también se ha incrementado de 18.8 a 24 millones de kilogramos en el mismo período, con una aceleración notable

Redaccion E30·14/7/2026
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Dependencia de importaciones de carne bovina: riesgo para productores locales en Centroamérica

Importaciones de carne bovina en El Salvador han crecido 85% en cinco años, pasando de 91.3 millones de dólares en 2020 a 168.8 millones en 2025, según datos oficiales. El volumen también se ha incrementado de 18.8 a 24 millones de kilogramos en el mismo período, con una aceleración notable en 2026: entre enero y mayo se registraron 68.1 millones de dólares en compras, alcanzando un pico de 18 millones en mayo con un incremento mensual del 31.7%.

Esta tendencia refleja un desequilibrio estructural en el mercado de proteína animal. Según Luis Treminio, representante del sector productor, El Salvador importa más del 60% de la carne de res que consume, cifra que duplica las necesidades reales del mercado local. A diferencia de otros productos cárnicos como cerdo y pollo, donde la producción local cubre proporcionalmente más demanda, el sector bovino enfrenta una vulnerabilidad crítica. Nicaragua domina el 97% de las importaciones (164.2 millones de dólares en 2025), mientras que Honduras, Colombia y Estados Unidos en conjunto no alcanzan el millón de dólares, evidenciando una concentración de origen que genera riesgos sistémicos.

La composición de las importaciones muestra demanda por productos procesados: carne deshuesada representó 147.6 millones de dólares y 19.8 millones de kilogramos en 2025, indicando que la cadena de valor local depende de insumos importados. Esta estructura afecta directamente a pequeños y medianos productores, quienes no pueden competir en volumen ni en precio con proveedores externos. La Superintendencia de Competencia ha alertado sobre los riesgos de esta concentración para la seguridad alimentaria y la estabilidad de precios ante posibles disrupciones en la oferta regional, un escenario cada vez más probable dado el contexto de volatilidad en mercados agrícolas globales.

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