México cierra ciclo escolar sin medir abandono estudiantil: la brecha de datos que paraliza la política educativa
La falta de estadísticas actualizadas sobre deserción escolar impide diseñar intervenciones efectivas y detectar estudiantes en riesgo
Aproximadamente 24 millones de estudiantes de educación básica concluyeron el ciclo escolar 2025-2026 en México, pero la Secretaría de Educación Pública (SEP) no ha publicado información actualizada sobre abandono escolar. Esta ausencia de datos se repite año tras año, creando un vacío crítico en la capacidad del país para evaluar…

Aproximadamente 24 millones de estudiantes de educación básica concluyeron el ciclo escolar 2025-2026 en México, pero la Secretaría de Educación Pública (SEP) no ha publicado información actualizada sobre abandono escolar. Esta ausencia de datos se repite año tras año, creando un vacío crítico en la capacidad del país para evaluar el aprendizaje y diseñar políticas públicas basadas en evidencia.
Expertos en educación advierten que esta ceguera estadística tiene consecuencias operativas inmediatas. Sin cifras recientes, las autoridades no pueden detectar rezagos educativos, identificar estudiantes en riesgo de deserción ni diseñar intervenciones focalizadas. El Sistema de Información y Gestión Educativa (SIGED) de la SEP no ha actualizado las cifras de abandono desde el ciclo 2023-2024, generando un desfase de dos años en información crítica para la toma de decisiones. Especialistas como Teresa Gutiérrez, directora de Monitoreo de Indicadores Educativos de Mexicanos Primero, han señalado que este retraso significa que al finalizar cada ciclo no existe claridad sobre cuántos alumnos iniciaron y cuántos lograron concluir el periodo.
Los últimos datos disponibles revelan una tendencia preocupante. Entre los ciclos 2019-2020 y 2023-2024, el abandono escolar en primaria incrementó de 0.4% a 0.6%; en secundaria, de 2.7% a 3.7%; y en educación media superior, de 10.3% a 11.3%, siendo este último nivel el más crítico del sistema educativo. Sin información actualizada, resulta imposible determinar si estas tendencias se mantienen o han empeorado, así como identificar los niveles educativos con mayores problemas y orientar políticas públicas efectivas para abordarlos.
Paralela a la ausencia de datos sobre abandono, persiste la falta de evaluaciones nacionales que midan aprendizajes. Patricia Ganem, de Educación con Rumbo, ha señalado que la ausencia de mecanismos para evaluar los aprendizajes dificulta la detección temprana de dificultades académicas que pueden repercutir negativamente en la permanencia estudiantil. Aunque la política educativa reconoce la importancia de la evaluación diagnóstica —la entonces Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu) diseñó un modelo de evaluación diagnóstica, formativa e integral para proporcionar información útil sobre el aprendizaje de los alumnos—, la implementación sistemática y la publicación de resultados sigue siendo un desafío pendiente.
El Programa Sectorial de Educación 2025-2030 reconoce explícitamente que persisten desafíos significativos en permanencia y conclusión oportuna de estudios, además de desigualdades en el acceso a la educación, especialmente en comunidades vulnerables. El Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030 posiciona la educación como derecho fundamental y eje central del desarrollo. Sin embargo, estos compromisos de política pública chocan contra una realidad operativa: el país carece de los sistemas de información necesarios para monitorear si estas metas se están cumpliendo o si el abandono escolar continúa expandiéndose en segmentos específicos de la población.


