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Economia

Regulación impulsa madurez de sostenibilidad en empresas iberoamericanas

Estudio revela brecha entre compromiso estratégico y asignación presupuestaria en responsabilidad social corporativa

Sostenibilidad ha transitado de iniciativa voluntaria a función estratégica integrada en la estructura empresarial iberoamericana. El 93.8% de las organizaciones se compromete a incorporar responsabilidad social corporativa (RSC) de manera transversal, y el 58% de las áreas de sostenibilidad reporta directamente a la alta dirección o Consejo de Administración, según

Redaccion E30·16/7/2026
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Regulación impulsa madurez de sostenibilidad en empresas iberoamericanas

Sostenibilidad ha transitado de iniciativa voluntaria a función estratégica integrada en la estructura empresarial iberoamericana. El 93.8% de las organizaciones se compromete a incorporar responsabilidad social corporativa (RSC) de manera transversal, y el 58% de las áreas de sostenibilidad reporta directamente a la alta dirección o Consejo de Administración, según el IV Observatorio de la Sostenibilidad en Iberoamérica, desarrollado por EAE Business School en colaboración con el Consejo de Empresarios Iberoamericanos (CEIB) y la Federación Iberoamericana de Jóvenes Empresarios (FIJE).

Esta consolidación refleja una transformación conceptual profunda desde 2020. Las organizaciones ya no ven la RSC como un complemento estratégico, sino como un componente central de la gobernanza corporativa y la toma de decisiones. El 81.2% de los encuestados identifica el desarrollo normativo como el principal impulsor de estos avances, mientras que el 74.7% considera que la sostenibilidad no debe depender exclusivamente de la voluntad empresarial, cifra que alcanza el 82.7% entre grandes corporaciones. Marcos regulatorios como la Directiva de Información sobre Sostenibilidad Corporativa (CSRD) y la Directiva de Diligencia Debida en Sostenibilidad Corporativa (CSDDD) están homogeneizando prácticas de información y gestión, promoviendo mayor transparencia y comparabilidad entre actores.

Sin embargo, existe una brecha significativa entre el compromiso declarado y la inversión real. Solo el 10.8% de las organizaciones destina más del 1% de su presupuesto a acciones específicas de RSC, un tercio aún carece de partida presupuestaria dedicada, y el 22.7% no cuantifica esta inversión. Esta desconexión evidencia un desafío crítico en la planificación económica y medición del impacto de sostenibilidad, limitando la capacidad de las empresas para escalar iniciativas más allá del nivel declarativo.

Un cambio estratégico notable emerge en los objetivos de RSC: por primera vez desde 2020, atender las expectativas de grupos de interés se posiciona como el principal objetivo (63.9%), superando la contribución general a la sociedad. Este giro refleja una evolución hacia modelos de sostenibilidad centrados en diálogo, creación de valor compartido y gestión de relaciones con todos los actores involucrados, reconociendo que la legitimidad empresarial depende cada vez más de la capacidad de generar beneficio compartido en ecosistemas complejos.

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