Campo mexicano: entre baches y desperdicio

Los caminos deteriorados, la falta de sistemas de refrigeración y centros de acopio modernos, así como la pobreza extrema y un sistema de comercialización asfixiante, son problemáticas históricas que enfrentan aproximadamente 4.4 millones de unidades de producción agrícola en México.

La Secretaría de Agricultura y Ganadería (Sader) ha reconocido estos desafíos en su Diagnóstico Integral del Programa Comercio Justo para el año 2026. Recientemente, más de 150 productores piñeros de Veracruz emitieron un llamado urgente ante una crisis de comercialización. Agricultores de la región de Sotavento denunciaron que, a pesar de haber logrado una producción significativa, carecen de vías adecuadas y compradores para distribuir su cosecha, lo que ha dejado a numerosas familias sin ingresos.

Este caso ilustra la dura realidad que viven quienes trabajan la tierra en México, un sector que representa el 3% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional. La Sader destaca que los pequeños y medianos productores agrícolas, que cultivan productos estratégicos como maíz, trigo y arroz, así como hortalizas como cebolla, jitomate y chile, enfrentan bajos ingresos por la venta de sus productos y dificultades para acceder a circuitos comerciales que les garanticen un precio justo. Esta situación no solo afecta el bienestar económico de los productores, sino que también limita su capacidad de reinversión en sus actividades productivas y restringe sus posibilidades de crecimiento sostenible a largo plazo, excluyéndolos de los circuitos comerciales formales.

Uno de los principales obstáculos para el desarrollo rural es el estado físico de las vías de comunicación. De acuerdo con datos de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transporte, al cierre de 2024, el 61.39% de la Red Alimentadora de caminos se encuentra en condiciones "transitables", lo que significa que el 38.1% está en mal estado. Esto convierte el traslado de cosechas en una misión de alto riesgo y costo. La Red Alimentadora incluye caminos rurales, que permiten el transporte de cosechas desde los poblados rurales hacia las cabeceras municipales, y carreteras alimentadoras que conectan a los municipios con las carreteras federales y estatales.

Los caminos rurales, que generalmente tienen un solo carril y son de terracería, a menudo carecen de obras de drenaje que minimicen daños en la temporada de lluvias. Según un diagnóstico del programa presupuestario de conservación de infraestructura de caminos rurales, en 2018, el 40.3% de esta red estaba en malas condiciones, lo que indica que en seis años, el avance ha sido de apenas 2.2 puntos porcentuales.

Además de ser un problema logístico, estas carencias se convierten en un factor directo de empobrecimiento para los productores, ya que los caminos intransitables dificultan que los productos lleguen a los mercados urbanos en condiciones óptimas. Esto afecta especialmente a los cultivos perecederos como jitomate.