Datos de inflación al consumidor en julio funcionarán como punto de inflexión para las decisiones de política monetaria en septiembre y el comportamiento de mercados globales. Actualmente, los mercados asignan probabilidades casi idénticas a dos escenarios: mantener tasas de interés (50.1%) o incrementarlas (49.9%), reflejando incertidumbre que hace una semana mostraba 58% de probabilidad de alza.

Analistas anticipan un informe moderado, con estimaciones de incremento mensual de inflación general en 0.12%, equivalente a 3.4% interanual, mientras que la inflación básica (excluyendo alimentos y energía) se proyecta en 0.22% mensual. Esta última métrica resulta crítica porque lecturas cercanas a 0.2% son consistentes con el objetivo de la Reserva Federal de retornar a inflación del 2%. Cualquier cifra superior complicaría el panorama de política monetaria. Las expectativas de un informe favorable se intensificaron tras el reporte de empleo de julio, que mostró reducción de 23,000 puestos de trabajo, señal de enfriamiento laboral que podría justificar una postura menos restrictiva.

En escenario de inflación moderada, analistas prevén que rendimientos de activos se reduzcan, apuestas por aumentos de tasas disminuyan y activos de riesgo se recuperen. Sin embargo, economistas de instituciones como Wells Fargo consideran que la Reserva Federal mantendrá tasas sin cambios hasta 2026, independientemente de lecturas moderadas. Por el contrario, un dato de inflación sólido alteraría este escenario: la inflación básica en la medida preferida por la Fed alcanzó 3.3% en junio, comparado con 2.8% del año anterior, mientras que rendimientos de bonos del Tesoro a 30 años se encuentran cerca de sus niveles más altos desde 2007. La evolución de precios del petróleo también jugará papel clave, dado que el crudo ha mostrado volatilidad en medio de tensiones geopolíticas en el Estrecho de Ormuz.

Mercados de criptomonedas permanecen sensibles a estas dinámicas. Bitcoin cotizaba cerca de $64,302 con aumento de 0.8% en últimas 24 horas, reflejando cautela ante la incertidumbre macroeconómica. La pregunta fundamental que responderá el próximo informe es si la economía estadounidense está en proceso de enfriamiento o experimentando debilitamiento. Postura de funcionarios de la Reserva Federal y presión política externa complican el panorama, sugiriendo que decisiones futuras dependerán en gran medida de datos económicos que se presenten en los próximos días.