Aproximadamente 67 millones de jóvenes entre 15 y 24 años permanecen desempleados globalmente, representando una tasa del 12.4%, mientras que 257 millones más no estudian ni trabajan, alcanzando el 20% de esta población. Estas cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) revelan un deterioro significativo en el mercado laboral para estas generaciones, con la tasa de desempleo juvenil aumentando una décima respecto a 2023, cuando había tocado su mínimo histórico. El fenómeno de jóvenes "ninis" (ni estudian ni trabajan) creció tres décimas en el mismo período, evidenciando un cambio de tendencia tras años de recuperación post-pandemia.

Dos factores convergen para explicar este giro: el estancamiento del crecimiento económico global y el impacto acelerado de la inteligencia artificial en ocupaciones de entrada al mercado laboral. Alrededor del 6.1% de los empleos que actualmente ocupan jóvenes están entre los más amenazados por automatización, particularmente en roles administrativos y de oficina que históricamente funcionaban como puerta de acceso al empleo formal. Si apenas un 10% de estos puestos fuera eliminado por IA, 5.6 millones de jóvenes—principalmente en países de altos ingresos—enfrentarían desempleo o abandono de la población activa. La probabilidad de que un joven permanezca sin empleo es cuatro veces mayor que la de un adulto, según datos de la OIT.

La distribución geográfica del problema es desigual. Europa occidental registra una tasa de desempleo juvenil del 15%, seguida por Asia oriental (14.6%) y sur de Asia (14.3%). América Latina y Norteamérica se encuentran por debajo de la media global con 11.9% y 9.8% respectivamente, aunque el norte de África alcanza el 22.6% y los Estados árabes el 26.2%. En regiones en desarrollo, el verdadero desafío no es solo el desempleo abierto, sino la calidad del empleo: casi nueve de cada diez trabajadores jóvenes en economías en desarrollo se encuentran en empleos informales o precarios, sin acceso a ingresos estables ni protección social.

Las tensiones geopolíticas amplían el panorama de incertidumbre. La OIT advierte que la convergencia entre ralentización económica, avance tecnológico acelerado y fragmentación geopolítica está generando una nueva crisis estructural en el empleo juvenil. Los gobiernos enfrentan el desafío de crear empleos de calidad que absorban el crecimiento demográfico joven mientras la automatización reduce oportunidades de entrada al mercado formal. Sin intervención política deliberada—mediante políticas de creación de empleo, capacitación en competencias digitales y protección social—el riesgo es que una generación completa quede atrapada en ciclos de informalidad y precariedad laboral.