Cuenca del Valle de México enfrenta estrés hídrico crítico, siendo la región con mayor riesgo en el país. Aproximadamente el 40% del agua potable proviene de fuentes externas a través del Sistema Lerma-Cutzamala, originario de Michoacán, pero entre el 40% y 50% se pierde en fugas antes de llegar a los consumidores finales. Esta cifra implica que casi la mitad del agua importada se desperdicia en la red de distribución, agravando una crisis que demanda intervención inmediata.
La sectorización emerge como estrategia operacional para contener las pérdidas. Este modelo divide la red de agua potable en zonas controladas mediante válvulas e instrumentos de medición que registran flujos y presión, permitiendo detectar fugas ocultas con mayor precisión. Sin embargo, los expertos advierten que soluciones puntuales resultan insuficientes. El documento "Perspectivas del Agua en el Valle de México" propone un plan a 15 años que requiere inversión adicional de 97 mil millones de pesos más allá de los presupuestos convencionales. Paralelamente, la estrategia local "Bosque de Agua" busca proteger bosques, combatir la tala y restaurar suelos para asegurar la infiltración hacia acuíferos, fuente del 60% del agua que consume la región.
Contexto nacional amplía la urgencia: México se encuentra entre los 30 países con mayor riesgo hídrico global. El sector agrícola consume el 76% del agua disponible, mientras industria y ganadería utilizan el 9% y el uso público urbano representa el 15%. Expertos subrayan que la infraestructura existente no fue diseñada para soportar volúmenes actuales de precipitación ni para gestionar la complejidad de un territorio donde la mitad del suministro se evapora en fugas. Un enfoque integral que combine conservación de bosques, inversión en infraestructura moderna y gestión sectorial del recurso es la única vía viable para estabilizar el balance hídrico de la región en los próximos años.
