Manzanillo se consolida como principal hub de contenedores en México con 2.45 millones de TEUs anuales, reflejando un incremento del 11.7% que posiciona al puerto colimense como epicentro de la actividad comercial con Asia. Este crecimiento responde directamente al aumento del 8% en importaciones provenientes de China, fenómeno que ha reconfigurado la estrategia de inversión en infraestructura portuaria a lo largo del litoral del Pacífico.

La modernización de la capacidad operativa se ha convertido en imperativo estratégico. Operadores como Contecon han ampliado significativamente su infraestructura para recibir buques de mayor calado, adquiriendo grúas especializadas que permiten procesar volúmenes crecientes. Lázaro Cárdenas, en Michoacán, ha seguido una trayectoria similar, movilizando 1.58 millones de TEUs entre enero y julio con un crecimiento del 6.7%, mientras que la inversión privada en este puerto alcanzó 7,860 millones de pesos durante el período analizado. Otros puertos como Guaymas registran incrementos aún más pronunciados, con crecimientos del 25% en movimiento de contenedores, evidenciando la redistribución de flujos logísticos en la región.

Sin embargo, el crecimiento ha generado cuellos de botella críticos en la cadena de suministro. La congestión portuaria persiste como factor limitante, con contenedores acumulándose durante días en espera de despacho aduanal y transporte terrestre. Estos retrasos generan cargos por demurrage que erosionan los márgenes de los importadores y crean efectos en cascada: cuando un contenedor permanece varado, toda la cadena de distribución se ralentiza, afectando la disponibilidad de productos en el mercado final. Este patrón refleja una brecha entre la capacidad de recepción portuaria y la velocidad de procesamiento aduanal, un desafío estructural que requiere coordinación entre operadores privados, autoridades aduanales y transportistas terrestres para optimizar tiempos de tránsito y reducir costos operacionales en la logística de importación.