Mercados cambiarios en economías emergentes enfrentan presiones crecientes derivadas de decisiones de política monetaria divergentes entre bancos centrales locales y la Reserva Federal estadounidense. En República Dominicana, la volatilidad del tipo de cambio se sitúa en 15.77%, superando significativamente el promedio de referencia del 12.33%, reflejando un período de inestabilidad que trasciende las fluctuaciones diarias de corto plazo y señala ajustes estructurales más profundos en la economía.
Estas presiones cambiarias ocurren en un contexto de expansión fiscal deliberada. El gobierno dominicano ha aprobado un presupuesto suplementario que eleva el gasto de capital en 0.4% del PIB para 2025, ampliando el déficit global al 3.5% del PIB, con proyecciones de 3.2% para 2026. Simultáneamente, analistas proyectan una aceleración del crecimiento real del PIB hacia el 4% en 2026, impulsada por tasas de interés más bajas y un entorno internacional más favorable. Esta combinación de estímulo fiscal y reducción de tasas genera presiones sobre la demanda de divisas y afecta la competitividad relativa de la moneda local frente al dólar estadounidense.
Los factores que impulsan la evolución del tipo de cambio incluyen las decisiones de política monetaria del Banco Central de la República Dominicana y de la Reserva Federal, así como la demanda interna de dólares vinculada a importaciones y el comportamiento de la economía local. Se anticipa un fortalecimiento global del dólar estadounidense hacia el cierre de 2026, dentro de un escenario de depreciación controlada de la moneda dominicana. El Banco Central estima que el tipo de cambio alcanzará aproximadamente 66.35 pesos en septiembre de 2026 y cerca de 69.15 un año después, proyectando una tendencia de depreciación continua que refleja ajustes en los diferenciales de tasas de interés y en la competitividad externa.
La estabilidad macroeconómica general se mantiene respaldada por sólidos superávits provenientes de exportaciones de servicios y remesas, que compensan los déficits de las cuentas de ingresos y comercio de mercancías. Se proyecta que el déficit por cuenta corriente rondará el 2-2.5% del PIB a finales de 2025 y 2026. La inversión extranjera directa neta se estima entre 3.5% y 4.0% del PIB, con el turismo, el comercio, la industria, la energía y el sector inmobiliario como áreas clave, siendo suficiente para cubrir la brecha externa según proyecciones del banco central. Sin embargo, la deuda pública bruta se mantendría estable en torno al 58% del PIB durante los próximos 12 a 18 meses, condicionado a que no se produzcan eventos macroeconómicos inesperados. Los riesgos identificados incluyen eventos climáticos adversos y desafíos de gobernabilidad, comunes en mercados emergentes, aunque los indicadores económicos mantienen una trayectoria optimista para el período 2025-2026.



