Construcción española enfrenta su peor desempeño relativo en la Unión Europea, con una caída interanual del 8.5% en junio comparado con el mismo mes del año anterior. Esta contracción duplica la de países como Hungría (5%) y Francia (4.5%), mientras que la UE en su conjunto registra un crecimiento marginal del 0.2% y la zona euro una caída del 0.7%.

Aunque junio mostró un repunte mensual del 0.3% respecto a mayo, este crecimiento resulta insuficiente para compensar la caída acumulada de 3.4% del mes previo y la tendencia negativa más amplia. Según datos de la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), el 90% de las empresas constructoras han visto afectada su actividad por la crisis energética, con un 56% que ha ralentizado operaciones y un 22% advirtiendo sobre posibles impactos en empleo si los costos continúan escalando.

Factores estructurales explican esta divergencia negativa. Las obras de mantenimiento de carreteras enfrentan sobrecostos promedio estimados en 15% para 2026, alcanzando hasta 30% en proyectos de rehabilitación. Particularmente crítico es que estas obras, por su corta duración, no están sujetas a revisiones de precios contractuales, generando desequilibrios económicos en contratos adjudicados antes de febrero de 2026. Esta rigidez contractual, combinada con volatilidad energética, explica por qué España se rezaga mientras economías como Eslovenia (incremento interanual de 22.9%), Rumanía (18.4%) y Finlandia (12%) aceleran.

En términos de especialización sectorial, la zona euro experimentó caídas generalizadas en junio: construcción de edificios (-0.9%), ingeniería civil (-1.4%) y actividades especializadas (-1.8%). España participó en esta contracción regional, aunque con magnitudes interanuales más severas. Rumanía lideró el crecimiento mensual con 4.9%, seguida de Suecia (2%) y Países Bajos (1%), señalando que la recuperación no es uniforme ni predecible en el bloque.

Sector crítico para la economía española—vinculado directamente a inversión, vivienda e infraestructuras—la construcción requiere intervenciones que aborden tanto la volatilidad de costos como la rigidez regulatoria en contratos públicos. Sin correcciones estructurales, la brecha competitiva con otras economías europeas tenderá a ampliarse en los próximos trimestres.