Plaguicidas con ARN: Nuevos peligros para México
Los bioplaguicidas basados en técnicas de ácido ribonucleico (ARN) aprobados recientemente en México presentan riesgos significativos en términos ambientales, de bioseguridad, salud y socioeconomía.
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, anunció la aprobación de un "biofunguicida" que utiliza ARN de interferencia, desarrollado por la empresa GreenLight Biosciences. Este hito convierte a México en el primer país en el mundo en autorizar este tipo de tecnología. La empresa planea establecer una planta de manufactura en el país, con una inversión de 100 millones de dólares.
Aunque el proyecto es de origen estadounidense, contará con apoyo público en México, mientras que las ganancias serán privadas, beneficiando en parte a Bayer-Monsanto, dado que varios componentes de la tecnología de GreenLight Biosciences han sido licenciados de esta última. Las compañías que lideran las inversiones en tecnologías de ARN en la agricultura son las mismas que dominan el mercado global de agrotóxicos y organismos genéticamente modificados, incluyendo Bayer-Monsanto, Corteva, Basf y Syngenta.
Es fundamental destacar que esta técnica no puede considerarse ecológica. Se trata de un enfoque de ingeniería genética que introduce nuevos riesgos, y actualmente no existen marcos regulatorios adecuados para evaluar su impacto en el medio ambiente a nivel mundial. Esto convierte el proyecto en un experimento a gran escala que podría afectar la biodiversidad, los ecosistemas, así como la salud ambiental y pública en México.
Además, la efectividad de estos productos contra plagas en campo no ha sido comprobada de manera sostenida, lo que podría perpetuar el uso de agrotóxicos. La aprobación de estos bioplaguicidas ha generado cuestionamientos por parte de diversas organizaciones ambientales en Estados Unidos y Europa.
El ARN de interferencia (ARNi) es un mecanismo que permite la creación de moléculas de ARN diseñadas sintéticamente, que se introducen en los organismos objetivo a través de métodos como la fumigación. Si estas moléculas encuentran secuencias complementarias en otros organismos, pueden unirse a ellas y silenciar o inhibir la función de ciertos genes, afectando así la capacidad de crecimiento o supervivencia del organismo. Los defensores de esta técnica sostienen que solo impactará a las plagas y que las moléculas se degradarán rápidamente.
Sin embargo, esta premisa es teórica. Investigaciones han demostrado que no es sencillo que el ARN sintético se una al gen del organismo objetivo. Puede también afectar y silenciar genes en otros organismos, incluso de diferentes especies, si comparten secuencias compatibles, lo que genera efectos impredecibles en entornos abiertos. Además, estas moléculas pueden persistir a lo largo de generaciones. En el caso específico de los funguicidas de ARN, el gen objetivo de manipulación es el CYP51, presente en la mayoría de los hongos y en una amplia variedad de plantas.


