Plantas nucleares europeas enfrentan un desafío creciente derivado de eventos climáticos extremos. En Hungría, la única central nuclear del país, responsable del 40% de la generación eléctrica nacional, experimentó un cierre parcial sin precedentes cuando el nivel del río Danubio alcanzó mínimos históricos a principios de agosto debido a sequía prolongada y olas de calor. Este evento obligó a desconectar siete de las ocho turbinas de la instalación, afectando dos unidades por cada reactor.
La crisis reveló una vulnerabilidad crítica en la infraestructura energética de la región: las plantas nucleares dependen de sistemas de refrigeración basados en agua de ríos, haciéndolas susceptibles a variaciones hidrológicas extremas. Para mitigar el riesgo de un cierre total que habría complicado significativamente el reinicio de operaciones, el gobierno implementó medidas de emergencia a partir del 13 de agosto, incluyendo la construcción de un umbral de fondo (tipo dique) y el hundimiento de barcazas para desviar mayor caudal hacia el canal de abastecimiento de la central. Estas intervenciones permitieron la reconexión progresiva de turbinas, alcanzando cerca de la mitad de la potencia nominal con siete unidades operativas.
Esta situación refleja un patrón más amplio documentado por organismos de energía europeos: el cambio climático está intensificando eventos de sequía que afectan la disponibilidad de agua de refrigeración en plantas nucleares. La instalación de Paks, construida hace 44 años con tecnología soviética, nunca había experimentado un cierre parcial de esta magnitud. Las autoridades han señalado la necesidad de implementar nuevos programas estatales de prevención, aunque los detalles específicos aún no se han divulgado. Este caso ilustra cómo la transición energética hacia fuentes bajas en carbono requiere no solo inversión en tecnología, sino también adaptación de infraestructura existente a nuevas realidades climáticas.


