Transferencias interbancarias en tiempo real existen en México desde 2004, pero esta capacidad técnica no se ha traducido en un cambio de comportamiento de pago entre la población. Mientras que el Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI) procesó más de 7,300 millones de operaciones en 2025 —moviendo aproximadamente 600 billones de pesos— una proporción significativa de mexicanos continúa prefiriendo efectivo para transacciones cotidianas: dividir una cuenta, enviar dinero o realizar compras.

Esta brecha entre capacidad técnica y adopción real no es exclusiva de México, pero la magnitud del fenómeno sí lo es en la región. Según datos de Americas Market Intelligence (AMI), las transferencias digitales en América Latina crecieron exponencialmente de 620 millones de operaciones en 2017 a 79,800 millones en 2024, con una proyección de que el 45% de las transferencias minoristas sean instantáneas en 2024. Sin embargo, otros mercados han logrado velocidades de adopción superiores: Brasil alcanzó una penetración del 75% de su población con Pix en solo cinco años, registrando 373 transferencias por persona anualmente, mientras que Colombia lanzó Bre-B en 2025 con un crecimiento acelerado en sus primeros meses. México, a pesar de ser pionero regional en infraestructura de pagos instantáneos, no ha replicado este momentum de adopción.

Consultores de la industria señalan que el desafío radica menos en la tecnología y más en factores estructurales y conductuales. Una parte significativa de la economía mexicana opera fuera del sistema financiero formal, limitando el número de personas que pueden acceder a transferencias digitales de manera cotidiana. Además, poseer una cuenta bancaria no equivale a estar "bancarizado activamente": muchos titulares continúan utilizando efectivo para la mayoría de sus transacciones. Iniciativas complementarias como CoDi y DiMo, así como optimizaciones de SPEI para dispositivos móviles implementadas por el Banco de México, existen pero no han generado el cambio de comportamiento esperado.

Para que la adopción de transferencias digitales avance, deben confluir tres elementos: que los consumidores identifiquen casos de uso claros y ventajosos, que los comercios estén dispuestos a aceptarlas, y que la experiencia de uso sea lo suficientemente simple y confiable para competir con la familiaridad del efectivo. La infraestructura técnica, aunque necesaria, es apenas el primer paso en una transformación que requiere alineación entre oferta, demanda y confianza institucional. El siguiente reto en la evolución de los pagos en México no es tecnológico, sino conductual.