Hospitales privados en México mantienen márgenes de rentabilidad significativamente superiores al promedio de América Latina, a pesar de operar con tasas de ocupación considerablemente más bajas. Según el análisis del Ranking IntelLat, que evaluó 106 instituciones en 10 países, los hospitales mexicanos registraron una ocupación de camas del 59.2% en 2025 —casi 23 puntos porcentuales por debajo del promedio regional de 82.6%—, mientras que en quirófanos la cifra alcanzó 54.5%, comparada con el 72.5% del promedio evaluado. Esta brecha de capacidad no se refleja proporcionalmente en los resultados financieros: la utilidad sobre ventas en México se situó en 9.1% en 2025, más del doble del promedio regional de 5.1%, aunque mostró una contracción respecto al 14.2% registrado en 2024.
Ingresos y márgenes revelan un modelo de negocio diferenciado. Los hospitales privados mexicanos incrementaron sus ventas 15.1% entre 2024 y 2025 (en dólares), cifra inferior al crecimiento regional de 18.6%, pero con una estructura de costos que permite mantener rentabilidad superior. Un indicador crítico: solo uno de cada nueve hospitales privados en México reportó pérdidas en ambos años analizados, versus el 17% del total de instituciones en la región. Esta resiliencia financiera contrasta con señales de contracción en volumen de servicios. Según las Estadísticas de Salud en Establecimientos Particulares del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, la tasa de consultas externas en establecimientos privados cayó 623 unidades por cada 100 mil habitantes en 2025, alcanzando su nivel más bajo desde 2021. Asimismo, los tratamientos de quimioterapia en hospitales privados descendieron de 59.9 en 2024 a 43.3 en 2025, evidenciando una contracción en servicios de mayor complejidad.
Inflación médica y presión en costos amenazan la sostenibilidad del modelo. Proyecciones para 2026 estiman que la inflación médica privada en México oscilará entre 12% y 14%, casi tres veces superior al incremento esperado en precios al consumidor nacional. Este fenómeno responde a múltiples factores: incrementos en tarifas hospitalarias, insumos médicos, medicamentos, prevalencia de enfermedades crónicas que demandan tratamientos prolongados, y adopción de tecnologías médicas de alto costo. La combinación de ocupación baja con presión inflacionaria creciente genera un escenario de tensión para aseguradoras, que enfrentan siniestralidad superior a lo anticipado. Ante esta realidad, la industria ha intensificado colaboraciones entre hospitales privados, aseguradoras y asociaciones del sector para diseñar mecanismos de contención de costos y garantizar la viabilidad del sistema de salud privado en el mediano plazo.