Moneda chilena experimenta fluctuaciones moderadas en el corto plazo, pero analistas proyectan una apreciación sostenida del peso frente al dólar hacia 2026, situándose en una banda de entre 820 y 880 pesos por dólar estadounidense. Esta perspectiva contrasta con la volatilidad observada en periodos anteriores y refleja cambios estructurales en la economía chilena.
Tres variables determinan esta trayectoria proyectada. Primero, el giro político hacia la derecha ha incrementado la confianza empresarial y atrae inversión privada, elementos fundamentales para la estabilidad cambiaria. Segundo, el valor internacional del cobre —principal exportación del país— juega un papel crítico: una recuperación sostenida de precios aceleraría la apreciación del peso, mientras que una caída abrupta representaría un riesgo al alza para el dólar. Tercero, la entrada de capital extranjero, cuya magnitud dependerá de la continuidad de reformas estructurales y la estabilidad macroeconómica.
Desde una perspectiva histórica, Chile ha experimentado ciclos de volatilidad cambiaria vinculados a shocks externos. La pandemia de 2020-2021 generó una recuperación fiscal acelerada (crecimiento de 11.7% en 2021), pero también presiones inflacionarias derivadas de interrupciones en cadenas de suministro, aumentos en precios de materias primas y depreciación del peso. La deuda pública alcanzó su nivel más alto en tres décadas (37%), limitando el espacio fiscal para intervenciones cambiarias.
Actualmente, la volatilidad se sitúa en 6.73%, notablemente inferior a niveles históricos, lo que sugiere un mercado menos reactivo a shocks de corto plazo. Sin embargo, los analistas advierten que esta relativa calma no elimina riesgos: una reversión en los precios del cobre, una desaceleración de flujos de inversión o un deterioro de la confianza política podrían revertir las proyecciones de apreciación.
En un escenario base para 2025-2026, el dólar podría cotizar alrededor de 840 pesos al cierre de 2026, asumiendo estabilidad política y avances en reformas. Si la entrada de capital extranjero supera expectativas y los precios del cobre se mantienen elevados, el tipo de cambio podría situarse entre 820 y 850 pesos por dólar. Estos rangos reflejan un consenso entre operadores de que la tendencia general apunta a una apreciación moderada del peso en comparación con niveles observados en ciclos previos.



