Búsqueda de empleo en México se alarga significativamente, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). Aunque la tasa de desocupación se mantuvo en 2.9%, el número de personas en búsqueda prolongada de trabajo creció 47,063 en comparación con el año anterior, alcanzando 137,545 individuos que llevan al menos seis meses sin empleo.
Este incremento refleja un cambio estructural en el mercado laboral mexicano. Del total de desempleados de largo plazo, 106,275 personas han estado buscando entre seis meses y un año —el segmento con mayor crecimiento desde 2025—, mientras que 31,270 superan el año sin conseguir trabajo. La población total desempleada llegó a 1.8 millones en julio, con un incremento de 79,412 personas respecto al mismo período del año anterior. Los datos evidencian que, más allá de las cifras agregadas de desocupación, existe una población creciente atrapada en búsquedas extendidas, lo que sugiere fricción en el mercado laboral y posibles desajustes entre la oferta de habilidades y la demanda empresarial.
Jóvenes y adultos de 25 a 44 años enfrentan los mayores obstáculos. Este último grupo concentra 849,720 desempleados, seguido por jóvenes de 15 a 24 años con 612,390. Los patrones de género revelan dinámicas diferenciadas: entre quienes buscan empleo entre seis meses y un año predominan hombres (71,368 vs. 34,907 mujeres), pero en desempleo mayor a un año las mujeres superan a los hombres (19,367 vs. 11,903). Esta inversión sugiere barreras específicas para la reinserción laboral femenina en búsquedas prolongadas.
Paralelamente, la informalidad laboral alcanzó máximos históricos. El 56.2% de la población ocupada —34.1 millones de personas— labora sin prestaciones ni seguro social, la cifra más alta desde diciembre de 2021. Entre julio de 2025 y julio de 2026, México perdió 67,938 empleos formales mientras ganaba apenas 22,586 informales, evidenciando una precarización neta del mercado de trabajo. La tasa de ocupación en el sector informal se situó en 31.1%, marcando un récord. Estos indicadores combinados —desempleo prolongado creciente e informalidad en máximos— señalan tensiones estructurales que van más allá de ciclos temporales, con implicaciones para la productividad, la demanda agregada y la cohesión social en el mediano plazo.



