Jalisco, tercer estado más poblado de México y cuarta economía nacional, experimenta un deterioro simultáneo en su mercado laboral y actividad económica que marca el retroceso más severo desde 2020. Entre el segundo trimestre de 2025 y el mismo período de 2026, la ocupación formal disminuyó en 76 mil personas, representando una baja del 3.6%, mientras que la población ocupada total cayó 1.3% anual, equivalente a 52 mil jaliscienses de 15 años o más que perdieron sus fuentes de ingresos. Este fenómeno contrasta con el posicionamiento histórico del estado como motor económico regional y refleja vulnerabilidades estructurales en la generación de empleo formal.

Indicadores macroeconómicos confirman la magnitud de la contracción. El Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal reportó una caída anual de -1.14% en el primer trimestre de 2026, tras un crecimiento de apenas 1.44% el año anterior. El producto interno bruto por habitante posiciona a Jalisco en el lugar 11 a nivel nacional, evidenciando un enfriamiento evidente de su dinamismo productivo. Según análisis de la Escuela de Negocios del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (Iteso), la generación de empleo formal ante el Instituto Mexicano del Seguro Social registra su peor desempeño desde la pandemia de COVID-19, acumulando solo 4 mil 703 nuevos puestos formales netos en los primeros siete meses de 2026. Especialistas atribuyen este freno a desajustes en la proveeduría global y cambios en los contratos colectivos que han impactado sectores clave de la economía estatal.

Un indicador paradójico complica la interpretación del panorama laboral: aunque la tasa de desocupación disminuyó de 2.71% a 2.43%, el Boletín de Análisis Económico del Iteso advierte que esta mejora aparente enmascara una contracción real de la fuerza de trabajo. La población no económicamente activa—que incluye personas que han desistido de buscar empleo o no están disponibles para laborar—aumentó 4.3% anual, sumando 128 mil personas a este sector inactivo. Este fenómeno sugiere que trabajadores desempleados están abandonando la búsqueda de empleo en lugar de encontrar nuevas oportunidades, indicador de desánimo laboral estructural. Simultáneamente, el encarecimiento de rentas y ventas de viviendas, exacerbado por la ausencia de regulaciones que limiten incrementos de precios, agrava la presión sobre los ingresos disponibles de los hogares jaliscienses, creando un ciclo de contracción de demanda agregada que retroalimenta la debilidad económica.