Producción láctea en departamentos costeros experimenta caída drástica de entre 55% y 60% comparada con el mismo período del año anterior, atribuida principalmente a la falta de lluvias, pérdida de pastos y dificultades para garantizar agua y alimento al ganado. Crisis que afecta desproporcionadamente a pequeños productores, quienes representan aproximadamente 85% de los ganaderos de la región y tienen menor capacidad de adaptación ante choques climáticos.

Reducción en oferta de leche ocurre simultáneamente con aumento de costos de producción e incremento significativo en importaciones de productos lácteos. Durante los primeros cinco meses de 2026, compras externas de leche y derivados crecieron 56.4% respecto al mismo período del año anterior, intensificando presión sobre sector ganadero local. Sequía ha comprometido disponibilidad de forraje y fuentes de agua, represas y sistemas de reservorio utilizados en fincas ganaderas, limitando opciones de alimentación para el ganado.

Deterioro en condición corporal de vacas ya afecta productividad del sector. Reducción en disponibilidad de pastos limita capacidad de animales para mantener producción de leche y pone en riesgo recuperación de hatos si condiciones secas persisten. Productores se ven obligados a recurrir a suplementos como silo, maíz, cebada y melaza, cuyos precios han aumentado significativamente, elevando costos operativos de fincas. Situación es especialmente crítica para pequeños ganaderos, quienes enfrentan encarecimiento de alimentos, compra de agua y costos de transporte que rápidamente erosionan márgenes económicos.

Precio recibido por productores no ha acompañado aumento de costos. Hace aproximadamente dos años, litro se pagaba alrededor de $3,000, mientras que actualmente oscila entre $2,100 y $2,200 por litro. Desconexión entre precios mayoristas y minoristas genera inquietud, ya que aumentos en precios de leche y queso para consumidor final no se reflejan en mejores ingresos para productores de materia prima. Menor cantidad de litros disponibles por vaca, combinada con gasto en suplementos, amenaza sostenibilidad de muchos establecimientos.

Preocupación se extiende a sistemas de doble propósito, comunes en regiones costales, donde familias rurales obtienen ingresos tanto de producción de leche como de cría de bovinos para carne. Pérdida de peso en animales o necesidad de vender parte del hato debido a sequía podría tener repercusiones en ambas actividades productivas. Descenso en producción de leche se presenta en momento en que importaciones de lácteos están en aumento, planteando desafío adicional para cadena láctea bajo presión creciente que podría tener efectos duraderos en industria ganadera regional.