Estudiantes de 15 años en El Salvador obtuvieron 343 puntos en la prueba PISA 2022, cifra que se sitúa 129 puntos por debajo del promedio de 472 de la OCDE, exponiendo una brecha estructural en el desarrollo de competencias matemáticas. Este resultado refleja no solo un indicador de desempeño, sino un patrón de enseñanza que prioriza la repetición y la resolución mecánica de ejercicios sobre el razonamiento crítico y la aplicación contextualizada del conocimiento.

PISA mide la capacidad de estudiantes para aplicar conocimientos en situaciones cotidianas, requiriendo no solo la aplicación de fórmulas sino también interpretación de información y selección estratégica de métodos de resolución. Solo el 11% de los estudiantes salvadoreños alcanzó al menos el nivel 2 de desempeño, donde deben representar matemáticamente situaciones sencillas sin instrucciones directas, en contraste con el 69% promedio en países de la OCDE. Esta disparidad señala que los contenidos escolares y materiales didácticos tienden a favorecer procedimientos establecidos, limitando el desarrollo de competencias necesarias para enfrentar evaluaciones que exigen pensamiento abstracto y aplicación flexible del conocimiento.

Análisis de especialistas en educación subrayan que la política curricular implementada en los últimos años ha centrado la enseñanza en prácticas que dificultan que estudiantes desarrollen competencias críticas. La discusión sobre estos resultados debe considerar las condiciones sociales, culturales e históricas del contexto educativo, incluyendo el impacto de la pandemia, decisiones de política pública e integración de tecnologías. Una visión reduccionista que solo se enfoque en resultados numéricos simplifica la compleja realidad educativa y puede ocultar factores sistémicos más profundos.

Para abordar este desafío, especialistas proponen un programa de trabajo a largo plazo que defina una política educativa clara y sostenible. El Salvador aún carece de un marco educativo coherente tres décadas después del conflicto armado, lo que dificulta la continuidad de iniciativas y las comparaciones con otros países que han establecido planes educativos más sólidos. Sin esta continuidad política y sin una redefinición de métodos que prioricen el pensamiento crítico sobre la memorización, es complicado esperar resultados diferentes en futuras evaluaciones internacionales.