Julio registró una caída en el crédito total, aunque el acumulado interanual mantiene un crecimiento del 4.7%, según datos analizados por Entorno. Este contraste evidencia la tensión estructural del sistema de financiamiento: mientras los agregados anuales sostienen una tendencia positiva, los indicadores mensuales anticipan un deterioro que los tomadores de decisiones no pueden ignorar.
La morosidad alcanzó el 18.0% del total del crédito, un incremento de 0.5 puntos porcentuales respecto al mes anterior y de 10.3 puntos en comparación con el mismo período de 2022. El 26.6% de los deudores registra al menos un saldo irregular, lo que refleja más de año y medio de presión sostenida sobre las finanzas de los hogares. El crédito real se situó en $99.4 billones, con una contracción del 0.7% en términos reales. La morosidad operativa —que excluye los créditos en situación más crítica— se ubicó en 11.8% de la cartera, ofreciendo una lectura más precisa de la calidad crediticia al neutralizar diferencias en el tratamiento contable entre entidades financieras.
El comportamiento regional agrega otra capa de complejidad al análisis. La Pampa fue la única provincia con crecimiento crediticio en julio (+0.5%), mientras que Chaco registró la mayor caída (-2.1%). En términos interanuales, 21 de las 24 jurisdicciones analizadas mostraron crecimiento real, con Neuquén liderando con un alza del 9.3%. El endeudamiento de los hogares representa el 8.8% del PBI nacional, con Tucumán en el extremo superior con 13.5%. La penetración crediticia promedia 445 deudores por cada 1,000 habitantes a nivel nacional, cifra que escala a 665 en la Ciudad de Buenos Aires. Para estrategas financieros y gestores de riesgo en México y América Latina, estos datos de Entorno configuran un mapa de referencia sobre los límites del crédito al consumo en economías bajo presión inflacionaria prolongada.