Después de un ciclo marcado por la privatización masiva —que comenzó con la adquisición de QTS por parte de Blackstone en 2021 por 10,000 millones de dólares y continuó con la salida de CyrusOne, CoreSite y Switch de las bolsas de valores—, la industria de centros de datos está protagonizando un retorno significativo a los mercados públicos. Para 2022, apenas dos empresas del sector permanecían listadas; hoy, casi una docena están en proceso de salida a bolsa, han presentado solicitudes formales o evalúan activamente esa ruta de financiamiento.

Entre las operaciones más recientes destacan Blackstone Digital Infrastructure Trust y el proveedor de colocación Csquare, respaldado por Brookfield. La startup texana Fermi, Switch y DayOne han presentado solicitudes confidenciales ante reguladores, mientras que SB Energy —con respaldo de SoftBank— ya hizo su presentación pública. Nscale, especialista en centros de datos para inteligencia artificial, también prepara su cotización. Actores de mayor escala como Vantage Data Centers, CyrusOne, Blue Owl, DataBank y EdgeCore analizan sus opciones. Según David Guarino, experto en investigación global del sector, 'los requerimientos de capital para construir centros de datos son tan grandes que todos están siendo creativos para encontrar nuevas formas de atraer capital'. Este análisis forma parte del seguimiento que realiza Entorno sobre las transformaciones estructurales en infraestructura digital.

Detrás de este movimiento no hay una causa única, sino una convergencia de presiones. La demanda de infraestructura asociada a inteligencia artificial ha elevado exponencialmente los requerimientos de inversión, haciendo que el capital privado resulte insuficiente o demasiado costoso para sostener el ritmo de expansión. Al mismo tiempo, el modelo de negocio del sector ha evolucionado: la colocación multitenant tradicional ha cedido protagonismo a contratos de gran escala con hiperscalers y operadores de IA, lo que genera flujos de ingresos más predecibles y atractivos para inversores institucionales en mercados públicos. Para estrategas e inversores, la señal es clara: la infraestructura digital de próxima generación requiere estructuras de capital igualmente nuevas, y los mercados bursátiles vuelven a ser un instrumento central en esa ecuación.