Formalización laboral y empleabilidad juvenil: agenda pendiente en economías emergentes

Reducir la informalidad laboral y mejorar la empleabilidad de los jóvenes son dos de los retos estructurales más persistentes en las economías emergentes de América Latina. Perú concentra hoy una de las tasas de informalidad más altas de la región —superior al 70% según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)—, lo que limita la productividad agregada, reduce la recaudación fiscal y perpetúa ciclos de baja competitividad en el tejido empresarial, especialmente entre las micro y pequeñas empresas (Mypes), que representan más del 95% del universo empresarial del país.

En este contexto, la cooperación técnica bilateral con economías avanzadas se posiciona como un mecanismo de transferencia de capacidades institucionales. Entre los modelos bajo análisis destaca la formación dual, un esquema que combina instrucción en centros educativos con práctica directa en empresas. Alemania y Suiza han documentado tasas de inserción laboral juvenil superiores al 85% en programas de este tipo, según reportes del Banco Mundial. Para que este modelo funcione en contextos de alta informalidad, los expertos señalan que debe ir acompañado de modernización de los sistemas de información del mercado laboral: sin datos precisos sobre qué competencias demandan las empresas —y cuáles serán relevantes en el mediano plazo—, los programas de capacitación corren el riesgo de formar para empleos que ya no existen o que el mercado no absorbe.

Más allá del caso peruano, la agenda refleja una tendencia global: los ministerios de trabajo de economías en desarrollo están migrando de un enfoque asistencial hacia uno de habilitación productiva. Esto implica articular tres ejes simultáneamente —acceso a tecnología, capital de trabajo y mercados para las Mypes; sistemas de intermediación laboral basados en datos; y marcos de formalización que no penalicen el crecimiento de los pequeños negocios—. McKinsey Global Institute estima que cerrar la brecha de habilidades en mercados emergentes podría incrementar el PIB regional hasta en un 2.5% anual hacia 2030. Para los estrategas corporativos e inversores, el fortalecimiento institucional del mercado laboral en estas economías no es solo política pública: es infraestructura para la competitividad del ecosistema empresarial en el que operan.