Disparidad de precios de combustible en Centroamérica: señales para la competitividad regional

Precios del combustible en Centroamérica registran diferencias de hasta 1.80 dólares por galón entre países de la región, una brecha que no es trivial para las cadenas de suministro, el transporte de carga y la competitividad logística de empresas que operan en múltiples mercados centroamericanos. Durante septiembre, los valores más elevados se concentraron en Guatemala y Costa Rica, donde el diésel superó los 6.40 dólares por galón, mientras que El Salvador y Honduras mantuvieron rangos más moderados, entre 4.80 y 5.32 dólares.

Las razones detrás de esta dispersión son estructurales: cada país aplica esquemas distintos de regulación, subsidios e impuestos al sector energético. Guatemala opera sin tarifa nacional obligatoria, lo que genera variaciones incluso entre estaciones de la misma ciudad dependiendo del modelo de servicio. Costa Rica, en cambio, regula los precios por litro a través de la Refinadora Costarricense de Petróleo, que en el periodo analizado solicitó un ajuste adicional para octubre. Panamá establece tablas de precios máximos con vigencia quincenal a través de su Secretaría Nacional de Energía, mientras que El Salvador y Honduras fijan precios de referencia diferenciados por zonas geográficas. Este mosaico regulatorio complica la planificación de costos para operadores de flota y empresas con presencia transfronteriza.

Para los estrategas corporativos y directivos de operaciones, la lectura de estos diferenciales va más allá del dato puntual. Según análisis del Banco Interamericano de Desarrollo, el costo del transporte representa entre el 15% y el 25% del valor de los productos en cadenas logísticas centroamericanas, por lo que variaciones de medio dólar por galón tienen impacto directo en márgenes y en la elección de rutas. En un contexto donde la integración regional avanza —impulsada por acuerdos como el Triángulo Norte y los corredores del Plan Puebla-Panamá— la armonización de políticas energéticas emerge como una palanca subutilizada para mejorar la competitividad del bloque. Las empresas con visión de mediano plazo deberían incorporar la volatilidad de precios de combustible como variable en sus modelos de expansión regional, especialmente ante la presión inflacionaria que persiste en economías dolarizadas y semidolarizadas de la zona.