Comercio formal del Centro Histórico pierde ante el ambulantaje en fechas cívicas
Cada vez que una celebración masiva toma el Centro Histórico de la Ciudad de México, el comercio formal paga el costo. Durante el Grito de Independencia, los establecimientos del primer cuadro cerraron desde las 15 horas ante el cerco policiaco y las vallas metálicas que bloquearon el acceso peatonal y vehicular. El resultado fue predecible: mientras los locatarios bajaban sus cortinas, los vendedores ambulantes ocuparon las principales arterias —20 de Noviembre, José María Pino Suárez y el corredor Francisco I. Madero— transformándolas en un tianguis de facto. El comercio informal de la Alameda Central también reapareció sobre la acera de avenida Juárez, y las autoridades locales permitieron la instalación de puestos de alimentos frente al Hemiciclo a Juárez, zona que sigue siendo terreno en disputa entre ambos sectores.
Para los comerciantes establecidos, la situación no es nueva ni aislada. Locatarios del corredor de los arcos de la Plaza de la Constitución reportan que sus trabajadores debieron identificarse ante filtros de seguridad para acceder a sus propios centros de trabajo, mientras que el ingreso al público general fue cortado desde las 13 horas. Según testimonios del sector, las restricciones de movilidad —vigentes de manera recurrente desde antes del Mundial de Fútbol— han generado pérdidas económicas de al menos 40% en sus ventas durante estos eventos. Este patrón revela una falla de política pública: los operativos de seguridad para eventos masivos no contemplan mecanismos de compensación ni acceso diferenciado para el comercio formal, que cumple con obligaciones fiscales y regulatorias que el ambulantaje evade.
Paralelamente, la economía informal de estacionamiento volvió a operar con total impunidad. A pesar de que el artículo 32 de la Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México tipifica como falta exigir pago por vigilar o estacionar vehículos en la vía pública, los llamados franeleros cobraron entre 100 y 300 pesos en distintos puntos del Centro. En zonas cercanas a la plaza Garibaldi, donde el estacionamiento subterráneo se saturó, automovilistas fueron abordados por personas que ofrecían 'lugares' a 200 pesos. La brecha entre la norma escrita y su aplicación efectiva ilustra un problema de gobernanza urbana que va más allá de una sola noche festiva: mientras el comercio formal enfrenta regulación estricta y pérdidas documentadas, la economía informal opera con una permisividad que, de facto, le otorga ventaja competitiva en los momentos de mayor afluencia.


