Reestructura de fabricante EV chino en quiebra revela fragilidad del sector ante sobreoferta

Hozon, fabricante chino de vehículos eléctricos conocido por la marca Neta, atraviesa un proceso formal de quiebra que derivó en la presentación de un Plan de Reorganización Provisional ante sus acreedores. El esquema contempla una inversión de 3,000 millones de yuanes —equivalentes a aproximadamente 447 millones de dólares— por parte de Zhejiang Taiyi Shanglian Enterprise Management Partnership, vehículo constituido específicamente para gestionar la adquisición y que obtendrá una participación del 70.6% en la compañía. De ese monto, 1,170 millones de yuanes se destinarán a liquidar deudas acumuladas y cubrir costos del proceso concursal, mientras que los 1,830 millones restantes se inyectarán como capital operativo para reiniciar la producción, reconstruir cadenas de suministro y reactivar redes de posventa que atienden a cerca de 400,000 propietarios actuales.

El plan de recuperación se articula en tres etapas con horizontes de crecimiento progresivo. En la primera, la empresa apunta a comercializar 10,000 unidades en el primer año, priorizando el modelo SUV Neta X y consolidando operaciones básicas. La segunda etapa proyecta escalar a una producción anual de 300,000 vehículos con expansión hacia mercados emergentes en Asia, África y América Latina. La tercera fase contempla el desarrollo de nuevos modelos globales de vehículos eléctricos inteligentes, con una meta de valor de producción anual de 40,000 millones de yuanes y la preparación de una oferta pública inicial. Como parte de la racionalización operativa, el equipo de fabricación de los modelos Neta L y Neta X se conservará como activo central, mientras que la línea de sedanes —Neta S y GT— se considerará prescindible y podrá enajenarse por separado.

Este caso ilustra una tensión estructural que el Foro Económico Mundial y analistas de McKinsey han señalado en sus reportes sobre movilidad eléctrica: la acelerada expansión de capacidad instalada en China generó una sobreoferta que presiona los márgenes de fabricantes de segundo y tercer nivel, especialmente aquellos sin respaldo de grandes grupos automotrices o tecnológicos. Para estrategas corporativos en México y América Latina, el escenario abre una lectura dual: por un lado, la posible llegada de vehículos eléctricos chinos a precios más competitivos bajo nuevas estructuras de propiedad; por otro, el riesgo de apostar por marcas en proceso de consolidación sin garantías claras de continuidad en servicio y garantías posventa. La reestructura de Hozon será un caso de referencia para evaluar la resiliencia de los modelos de negocio EV en mercados con alta sensibilidad al precio y baja infraestructura de carga.