Ser Independiente no es poder con todo

Por Iván Javier González Abella


Septiembre hace que México vuelva a pronunciar con fuerza una palabra que transformó su historia: independencia.

Pero entre banderas, celebraciones en las oficinas y el tradicional “¡Viva México!”, quizá valga la pena llevar esa palabra a otro territorio: el trabajo.

¿Qué significa ser independiente dentro de una organización?

Durante años confundimos autonomía con poder solos, resolver sin preguntar, no mostrar cansancio, no decir “no sé” o no pedir ayuda.

Y así, casi sin darnos cuenta, convertimos la independencia en otra forma de exigencia.

“Yo puedo solo”, piensa el colaborador que lleva semanas saturado, pero teme pedir apoyo porque podría parecer poco competente.

“Yo puedo solo”, dice el líder que no delega porque está convencido de que nadie hará las cosas como él.

“Yo puedo solo”, repite quien intenta conciliar trabajo, familia, cuidados y vida personal sin reconocer que ya no puede sostener el mismo ritmo.

Y quizá sí pueda.

La pregunta es: ¿a qué precio?

Porque poder con todo no significa necesariamente estar bien, a veces significa que aprendimos a sobrevivir mientras seguimos entregando resultados.

Y esto también debería poner a pensar a las empresas.

¿Estamos construyendo organizaciones autónomas o personas abandonadas a su suerte?

¿Damos flexibilidad acompañada de confianza y acuerdos, o simplemente esperamos que cada quien se las arregle como pueda?

¿Estoy dando lo mejor de mí como colaborador para construir también la organización que espero recibir como empleador?

La autonomía sin apoyo no siempre es flexibilidad, a veces, es abandono disfrazado de modernidad.