Infraestructura de transporte público como plataforma comercial: un modelo en expansión

Integrar transporte masivo con oferta comercial no es una idea nueva en el mundo, pero en el contexto metropolitano mexicano representa un modelo de negocio que gana tracción y plantea preguntas relevantes para urbanistas, inversionistas y tomadores de decisiones públicas. Dos desarrollos en la periferia de la Ciudad de México ilustran cómo las terminales del Metro pueden convertirse en nodos de actividad económica que van más allá del simple tránsito de pasajeros.

El primero de estos complejos, ubicado en Naucalpan de Juárez y conectado directamente con la estación terminal Cuatro Caminos de la Línea 2, opera desde 2016 como un centro comercial de tres niveles que combina tienda departamental, salas de cine y un museo temático deportivo. El segundo, en Ecatepec de Morelos y vinculado a la estación Ciudad Azteca de la Línea B, lleva operando desde 2009 con una estructura de siete niveles —tres de estacionamiento y el resto de locales comerciales— orientada a satisfacer necesidades cotidianas de una de las zonas más densamente pobladas del país. Ambos desarrollos comparten una lógica común: capturar el flujo de miles de usuarios diarios del transporte público y convertirlo en tráfico comercial. Según datos del Sistema de Transporte Colectivo Metro, las líneas 2 y B se encuentran entre las de mayor afluencia en la red, lo que convierte a sus terminales en activos estratégicos de alto valor.

Este modelo, conocido internacionalmente como Transit-Oriented Development (TOD), ha sido documentado por organismos como el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP) como una de las estrategias más efectivas para densificar el uso del suelo urbano y generar valor económico en torno a la infraestructura pública. Sin embargo, también genera debate: ¿hasta qué punto el aprovechamiento comercial de espacios de movilidad pública beneficia al usuario final, y en qué medida transfiere valor hacia actores privados? Para los estrategas corporativos e inversionistas inmobiliarios, la respuesta es clara: las terminales de transporte masivo en zonas de alta densidad poblacional representan una de las ubicaciones con mayor garantía de tráfico sostenido, independientemente de los ciclos económicos. La pregunta de fondo para la próxima década es si este esquema se replicará en otras ciudades mexicanas con sistemas de transporte en expansión, y bajo qué condiciones de gobernanza y beneficio compartido.