Hoteles históricos y centros de eventos logran certificación de emisiones netas cero
Nueve propiedades hoteleras operan hoy bajo un esquema de emisiones netas cero verificadas dentro de uno de los programas más ambiciosos del sector de hospitalidad a nivel global. La incorporación de cuatro nuevos establecimientos —incluyendo dos inaugurados en la década de 1980— a este tipo de certificación representa una señal relevante para estrategas del sector: la transición climática no requiere demoler y reconstruir, sino reconfigurar operaciones existentes con inteligencia energética.
Uno de los hallazgos más significativos de este avance es que tres de las nuevas propiedades certificadas se ubican en Estocolmo, una ciudad cuya red eléctrica opera predominantemente con fuentes renovables. Este contexto es clave para entender tanto el éxito del modelo como sus límites actuales: la electrificación de operaciones hoteleras —calefacción, climatización, cocinas industriales— solo puede alcanzar neutralidad climática real cuando la energía que la alimenta proviene de fuentes limpias. Según el Informe de Tendencias de Sostenibilidad Hotelera del World Economic Forum, la energía representa entre el 60% y el 70% de las emisiones operativas del sector, lo que convierte la calidad de la red eléctrica en una variable determinante para cualquier estrategia de descarbonización.
Para el mercado latinoamericano, donde la adopción de estándares ESG en hospitalidad avanza de forma desigual, este tipo de programas ofrece un marco de referencia accionable. McKinsey & Company ha documentado que los activos hoteleros con certificaciones ambientales verificadas obtienen primas de ocupación de entre 7% y 12% frente a propiedades comparables sin certificación, además de acceder a financiamiento verde en condiciones más favorables. La inclusión de salones de congresos y centros de eventos dentro del perímetro de certificación amplía además el alcance del modelo: no se trata solo de habitaciones, sino de toda la cadena de valor operativa. Para directivos de hospitalidad en México y América Latina, la pregunta relevante ya no es si adoptar estos estándares, sino con qué velocidad y bajo qué arquitectura energética local hacerlo.



