Brecha generacional en oficios calificados: el mayor reto laboral de la próxima década

Cada año, hasta 2035, se proyecta la apertura de 1.7 millones de empleos en oficios calificados —electricistas, fontaneros, carpinteros, técnicos de mantenimiento—, según estimaciones del mercado laboral estadounidense con implicaciones directas para economías como la mexicana. Más allá del volumen, el dato que preocupa a los analistas es estructural: más de 600,000 de esas posiciones serán empleos netos nuevos, no reemplazos. La pregunta que ningún modelo de planeación ha respondido con claridad es quién los va a ocupar.

El problema no es de oferta de trabajo, sino de relevo generacional y percepción social. Cerca del 25% de los trabajadores activos en los 124 oficios calificados analizados tienen 55 años o más, mientras que apenas el 11% de la fuerza laboral en estos sectores es menor de 25 años. Proyecciones conservadoras indican que uno de cada doce empleos en oficios requerirá reemplazo en los próximos cinco años, solo por jubilaciones. A esto se suma que la tasa de participación laboral de los mayores de 55 años ha venido cayendo, lo que anticipa una salida acelerada de experiencia acumulada sin suficiente capital humano joven para absorberla. Para los estrategas de recursos humanos y los tomadores de decisión en sectores de infraestructura, construcción y manufactura, este escenario representa un riesgo operativo de primer orden.

Detrás del déficit hay un problema de imagen que los datos vuelven paradójico: el 71% de los adolescentes encuestados afirma que se sentiría orgulloso de asistir a una escuela de oficios, y el 81% de los padres apoyaría esa decisión en sus hijos. Sin embargo, solo el 9% de los jóvenes considera los oficios como opción profesional real tras la graduación, frente al 56% que prioriza la universidad. El contraste revela que el estigma no opera desde el rechazo explícito, sino desde la invisibilidad: la conversación pública sobre trayectorias técnicas tiende a ser genérica y opaca, ocultando la diversidad de especializaciones disponibles y su potencial de ingreso a mediano plazo. Para las organizaciones que compiten por talento técnico en un entorno de infraestructura en expansión —centros de datos, vivienda, energía—, el reto ya no es solo reclutar: es co-construir con instituciones educativas y gobiernos los ecosistemas que hagan visibles y atractivas estas carreras antes de que la brecha se vuelva irreversible.