Modernización aduanera pendiente: por qué Argentina no aprovecha el comercio exterior

Argentina enfrenta una brecha estructural en sus procesos aduaneros y logísticos que, en la mayoría de los mercados desarrollados y varios emergentes de la región, fue resuelta hace más de tres décadas. La figura del Operador Económico Autorizado (OEA) —estándar global promovido por la Organización Mundial de Aduanas— ilustra con precisión ese rezago: en Estados Unidos, la Unión Europea y economías como México o Perú, el OEA está plenamente operativo y permite a las empresas certificadas gestionar de forma autónoma sus importaciones y exportaciones, agilizando trámites en fronteras y puertos hasta el punto de habilitar despachos en el mismo día. En Argentina, el esquema existe en un estado de desarrollo incipiente, lo que representa una oportunidad no capitalizada para integrarse con mayor eficiencia al comercio global.

Este estancamiento tiene consecuencias directas sobre la competitividad. Según datos del Banco Mundial, la eficiencia logística es uno de los factores que más incide en la capacidad exportadora de una economía: países con sistemas aduaneros modernizados reducen hasta un 30% los tiempos de despacho y los costos asociados a la cadena de comercio exterior. En ese contexto, el perfil del operador aduanero también está en transformación: ya no alcanza con clasificar mercancías y gestionar documentación. El mercado exige servicios integrales que combinen flete internacional, almacenamiento, desconsolidación y alianzas con redes logísticas transfronterizas. Quienes no incorporen esa integración quedan fuera de los circuitos de valor más dinámicos.

En el segmento de importación de bienes de capital, se registran señales de mejora. Instrumentos como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) han facilitado el acceso a este tipo de operaciones para proyectos de envergadura, abriendo una ventana de oportunidad para atraer inversión productiva. Sin embargo, los analistas del sector advierten que sin una modernización sistémica de los procesos aduaneros —que incluya la consolidación real del OEA, la digitalización de trámites y la articulación con estándares internacionales— las mejoras puntuales difícilmente se traducirán en una transformación sostenida de la inserción argentina en el comercio exterior global.