Preaprendizaje como política pública: estrategia para cerrar la brecha del desempleo juvenil

Cerca de un millón de jóvenes en el Reino Unido se encuentran actualmente fuera del sistema educativo, del empleo y de cualquier programa de formación, una situación que pone de manifiesto una falla estructural en la transición entre la educación formal y el mercado laboral. Esta categoría, conocida como Neet (Not in Education, Employment or Training), ha crecido de manera sostenida en la última década, evidenciando la necesidad de establecer una etapa intermedia que prepare a los jóvenes más vulnerables para acceder y sostener un empleo o una formación formal.

En respuesta a esta problemática, se analiza la creación de una ruta nacional de preaprendizaje en Inglaterra. Este programa combinaría la formación en competencias básicas —como inglés y matemáticas— con aprendizaje técnico y experiencia práctica en colaboración con empleadores. El modelo se inspira en esquemas implementados en Austria y los Países Bajos, países que han logrado tasas de Neet significativamente menores gracias a sus robustas rutas vocacionales, presentadas como alternativas viables a la educación universitaria. En Austria, un programa prevocacional de un año ha demostrado ser eficaz para preparar a jóvenes sin calificaciones o experiencia laboral previa, facilitando su integración en aprendizajes formales. La evidencia sugiere que este tipo de intervención temprana no solo reduce costos sociales a largo plazo, sino que también mejora la empleabilidad estructural de cohortes completas.

Desde una perspectiva de política pública y estrategia organizacional, los datos son contundentes: solo el 2% de quienes inician aprendizajes en Inglaterra provienen de la categoría Neet, y la inscripción de menores de 19 años en programas de aprendizaje ha caído casi un 50% en la última década. Esto indica que el sistema actual no está diseñado para atraer a los jóvenes más alejados del mercado laboral. Para las organizaciones con estrategias de atracción de talento a largo plazo, la expansión de rutas prevocacionales representa una oportunidad concreta para influir en la formación de futuros colaboradores desde etapas tempranas, reduciendo las brechas de habilidades que hoy resultan costosas de cerrar en etapas adultas.

Financiar y escalar estos programas —incluyendo posibles reformas al sistema de beneficios sociales— será determinante para definir si este modelo puede replicarse en otros contextos que enfrentan desafíos similares de desempleo juvenil estructural. Para los estrategas corporativos y los tomadores de decisiones en política laboral, el preaprendizaje no es un gasto social, sino una inversión en la arquitectura del talento del futuro.