Tensión regulatoria frena la transición energética hacia renovables en Perú

Perú enfrenta una tensión estructural en su sector eléctrico: las reglas que rigen las licitaciones de energía están diseñadas bajo una lógica que favorece a las fuentes de generación continua —gas natural e hidroeléctricas— y coloca en desventaja sistémica a las energías renovables variables como la solar y la eólica. La reciente modificación legislativa que buscaba abrir el mercado a estas fuentes choca con un borrador reglamentario que, según gremios del sector, reproduce las mismas condiciones que históricamente han limitado su participación.

El nudo central del conflicto es técnico y financiero a la vez. Las licitaciones eléctricas en Perú exigen que las generadoras ofrezcan de manera conjunta energía y potencia —es decir, no solo la electricidad producida, medida en megavatios-hora (MWh), sino también la capacidad garantizada de entrega en cualquier momento, medida en megavatios (MW)—. Este requisito es manejable para una termoeléctrica a gas, que puede operar las 24 horas, pero representa una barrera de entrada real para una planta solar, que genera electricidad únicamente durante el día. Para cumplir con la exigencia de potencia firme, las plantas renovables deben contratar respaldo con centrales térmicas, hidroeléctricas o sistemas de almacenamiento en baterías, lo que encarece su oferta y las obliga a depender de sus propios competidores. La Resolución Ministerial N° 189-2025-MINEM/DM fija además las horas punta —el bloque de mayor demanda y mayor valor comercial— entre las 18:00 y las 23:00, un horario en el que la generación solar es nula, reforzando la ventaja estructural de las fuentes térmicas hasta al menos 2029.

Este escenario tiene implicaciones que van más allá del mercado eléctrico peruano. Según el Foro Económico Mundial, los países que no alinean sus marcos regulatorios con la economía de las energías renovables corren el riesgo de quedar rezagados en atracción de inversión climática, un flujo que a nivel global superó los 1.7 billones de dólares en 2023, según BloombergNEF. Para los estrategas corporativos e inversores en infraestructura energética, la señal es clara: la rentabilidad de los proyectos renovables en mercados como Perú dependerá menos de los costos de generación —donde solar y eólica ya son competitivos— y más de la capacidad de navegar marcos regulatorios que aún no han sido rediseñados para la nueva realidad tecnológica. La forma en que el Ministerio de Energía y Minas defina el reglamento final será, en la práctica, una decisión sobre qué tipo de inversión quiere atraer el país en la próxima década.