Brechas ambientales en Chile: calidad del aire como variable de riesgo empresarial

Dos décadas de avances en política ambiental chilena no han logrado cerrar las brechas regionales en calidad del aire. Mientras los indicadores nacionales de material particulado fino (PM2.5) muestran una tendencia a la baja, el sur del país y los corredores industriales del centro-norte registran condiciones que se alejan del promedio y que tienen implicaciones directas sobre la salud pública, la productividad laboral y la gestión del riesgo corporativo. Este patrón —mejora agregada con deterioro localizado— es precisamente el tipo de señal débil que los estrategas de negocio y los responsables de política pública suelen subestimar hasta que se convierte en una restricción operacional concreta.

Entre los factores estructurales que explican esta desigualdad destaca el uso masivo de leña húmeda como fuente de calefacción en comunidades del sur chileno, práctica arraigada culturalmente y con regulación insuficiente. A esto se suman condiciones geográficas y atmosféricas que limitan la dispersión de contaminantes. Las denominadas 'zonas de sacrificio' en Coronel y Talcahuano continúan registrando episodios agudos de dióxido de azufre (SO₂), incluso cuando los promedios regionales mejoran. Según el Índice de Calidad del Aire (ICAP), localidades como Purén mantienen indicadores dentro de rangos saludables para PM2.5 y PM10, pero los especialistas advierten que esa estabilidad es vulnerable a variaciones meteorológicas y cambios en las fuentes de emisión locales. La heterogeneidad dentro de una misma región obliga a un análisis más granular que el que ofrecen los indicadores nacionales.

Para las organizaciones con operaciones en el sur de Chile, este escenario redefine el monitoreo ambiental: deja de ser una obligación de cumplimiento normativo para convertirse en una variable de gestión del riesgo operacional. La tendencia global hacia estándares ambientales más estrictos —impulsada por acuerdos internacionales como el Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal y las directrices actualizadas de la Organización Mundial de la Salud sobre calidad del aire, publicadas en 2021— anticipa un entorno regulatorio más exigente en los próximos cinco años. Según McKinsey Global Institute, las empresas que integran variables ambientales en su planificación estratégica con tres o más años de anticipación reducen significativamente su exposición a costos regulatorios imprevistos. En ese contexto, las compañías que operen en zonas de alta variabilidad atmosférica y que desarrollen capacidades propias de medición y adaptación estarán mejor posicionadas para sostener su competitividad en la próxima década.