Monterrey apuesta por el rascacielos más alto de América Latina como motor de inversión
Monterrey avanza hacia un nuevo umbral en el desarrollo urbano vertical con la construcción de una torre de 484 metros y más de 100 niveles en la colonia Obispado, sobre las avenidas Constitución e Hidalgo, adyacente al río Santa Catarina. Cuando concluya, la estructura se convertirá en el edificio más alto de México y América Latina, superando referencias regionales como la propia Torre Obispado —305 metros— y colocándose por encima de íconos continentales como la Willis Tower de Chicago (442 m) y el Central Park Tower de Nueva York (472 m), aunque sin alcanzar los 541 metros del One World Trade Center.
El proyecto responde a una tendencia global documentada por organismos como el Council on Tall Buildings and Urban Habitat (CTBUH): las ciudades emergentes de América Latina están apostando por el desarrollo vertical de usos mixtos como estrategia para densificar, atraer inversión corporativa y generar ecosistemas urbanos autosuficientes. En este caso, la torre integrará oficinas corporativas, residencias, un hotel de lujo, áreas comerciales y espacios verdes, además de un mirador panorámico de 360 grados ubicado a más de 400 metros de altura y una tirolesa que apunta a convertir el inmueble en un activo turístico de escala regional. Según proyecciones del sector, los desarrollos de usos mixtos en mercados como el regiomontano han mostrado tasas de ocupación superiores en un 15 a 20% frente a torres monofuncionales, de acuerdo con análisis de JLL México.
Desde la perspectiva del C-Level y los estrategas de inversión, el avance de este tipo de megaproyectos en Monterrey —cuya economía representa cerca del 7% del PIB nacional y concentra una de las mayores densidades de empresas multinacionales en el país— señala una maduración del mercado inmobiliario de clase A en el norte de México. Los trabajos preliminares iniciaron en 2022 y se proyecta que para mediados de 2026 la estructura alcance aproximadamente el piso 95 y los 400 metros de altura. Para los tomadores de decisiones corporativas y los fondos de capital privado con exposición al sector inmobiliario latinoamericano, este tipo de desarrollos representa tanto una señal de confianza en la resiliencia económica de la región como un indicador del desplazamiento del centro de gravedad inmobiliario hacia ciudades distintas a Ciudad de México.



